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jueves, 25 de agosto de 2022

Seguridad de géneros. Tasmania ha prohibido los espacios gay por discriminar a la "identidad de género".

https://thecritic.co.uk/safety-in-genders/ 

Safety in genders. Tasmania has banned gay spaces for discriminating against "gender identity". by Edie Wyatt. 23/01/2022.  

Seguridad de géneros. Tasmania ha prohibido los espacios gay por discriminar a la "identidad de género". 

Después de más de treinta años, un hombre ha confesado el asesinato homófobo de un estadounidense llamado Scott Johnson en las playas al norte de Sydney en 1988. El crimen, que en un principio se tomó como suicidio, ha llevado a su hermano a Australia un sinfín de veces en su larga lucha por la justicia. Johnson fue asaltado en North Head, un lugar que es conocido como lugar de reunión de hombres homosexuales — y un blanco para pandilleros homófobos. 

En mi caso, la noticia me lleva a una angustia aún impresionante por otro gay, a quien amé y destrozó mi joven corazón, también en 1988. A los 17 años, justo antes del amanecer me despertó una llamada telefónica que era reacia a responder en una fría mañana de julio. Mi querido primo Kevin, de 25 años, había sufrido una sobredosis y lo encontraron inconsciente en el suelo de la cocina de la casa de su madre, donde estaba de visita. 

Kevin había intentado matarse antes en varias ocasiones, y vivíamos en constante y sensible incertidumbre con respecto a su seguridad. Su vulnerabilidad fue un tema de conversación familiar durante muchos años, en parte porque el SIDA ocupaba un lugar destacado en la conciencia pública y de pánico en los 80. Kevin era el mayor de los hijos de mi tía y yo la menor de los hijos de mi madre, así que adoraba a este chico tan guapo como lo hubiera hecho cualquiera. No solo era atractivo, sino listo y divertido. Kevin me enseñó sobre el estilo, el sarcasmo y el valor de una interpretación dramática para convencer a una sala. La tristeza que repaso hoy, no es solo por el afecto que le tenía a mi primo, sino en ese recuerdo de la violencia que fue parte de nuestras vidas cuando éramos críos, que fue parte de su vida como hombre homosexual y que se cernía en la cultura en Australia en los años de su fallecimiento. 

Mi amigo Brad (ya a sus 50 años) es de Sydney y recuerda los años en que "patear a los homosexuales" era una afición de los jovencitos en Sydney en los 80. Brad me contó que en su zona costera de Sydney, los hombres se convertían en blancos por andar merodeando por los baños, objetivo manifiesto de sexo con otros hombres. 

Estos gays se consideraban peligrosos para la seguridad pública por los hombrecillos, quienes se encargaron por su cuenta de proteger a la sociedad de ellos. Brad conocía a unos hermanos que habían sido encarcelados por dar una brutal paliza a un chaval homosexual. Le pregunté a Brad qué sabía de aquel gay. Me dijo que lo habían identificado a nivel local por rondar los baños y hacer señas a otro hombre de que estaba disponible para sexo. 

Es difícil explicar la atmósfera de temor que existía en aquellos días en torno al SIDA sin remitirse cómo la gente percibe hoy día a “los no vacunadas”. Había una repugnancia generalizada, no solo por el SIDA como enfermedad, sino por aquellos que incurrieron en comportamientos que los pondrían en riesgo. El temor no era sólo por los hombres que estaban siendo infectados por la “plaga gay”, sino de igual forma debido a que los hombres heterosexuales se les pedía que cambiaran su conducta, como resultado de lo que consideraban la conducta aberrante de una minoría. 

La actitud neoconservadora respecto al sexo en los 80 estaba poniendo a prueba la atmósfera de "amor libre" de los 70, que atendía en exceso los deseos sexuales de los jóvenes heterosexuales. Es fácil ahora mirar en retrospectiva y tachar al ambiente de "homófobo", pero el miedo y la repulsión en torno al SIDA en los 80 no era solo moral, era lo más cercano a una histeria colectiva que he conocido hasta hoy. 

En cambio, para nuestra familia, el miedo por nuestro querido Kevin no era solo por la violencia que lo rodeaba, sino por la furia de aquello que parecía odio a sí mismo. Durante años culpé a la “sociedad” y a la falta de aceptación de la homosexualidad. En realidad, Kevin terminó con su vida por una compleja gama de razones, y mi rabia por la agresión sexual de los hombres que había sido una característica de todas nuestras vidas fue un blanco fácil para mí insaciable "¿por qué?". 

Scott Johnson fue víctima de la violencia de los hombres y la homofobia, pero debemos tener en cuenta la coyuntura cultural y material que puso en peligro a tantos homosexuales en los 80 y ahora. Los hombres homosexuales, al igual que las mujeres, tienen exigencias materiales y culturales para protegerse de la violencia de los hombres, y estos dos aspectos no están desvinculados. 

En el feminismo crítico del género, con frecuencia argumentamos que si definimos a “mujer” como una personalidad cultural en lugar de una entidad biológica, le arrebatamos la capacidad de poner límites legales en torno a su cuerpo y sus espacios. Así ocurre con los hombres y mujeres homosexuales. 

En Tasmania, el sexo ya no es una característica protegida. Tasmania Equidad (Equity Tasmania) ha decidido que reuniones exclusivamente de personas del mismo sexo es discriminación contra la "identidad de género y variaciones en las características sexuales de intersexuales". Sarah Bolt, la Comisionada Contra la Discriminación de Tasmania, ha dicho que ni siquiera puede entender cómo es posible que las lesbianas determinen el sexo de otra persona “sin preguntas intrusivas”. Una se pregunta cómo las mujeres y los hombres homosexuales siquiera se convirtieron en blancos de la violencia, cuando fijar el sexo de una persona es una guisa tan compleja e intrusiva. 

Dennis Kavanagh de Red de Gays (Gay Men’s Network) en Reino Unido me dijo que los espacios exclusivos para personas del mismo sexo atraídas por el mismo sexo son "lugares de seguridad básicos" para hombres y mujeres homosexuales. Aparte de la seguridad física, en plano cultural son lugares de "liberación". Kavanagh dijo que los espacios gay no son solo clubes o pubs, sino zonas para "hacer crecer nuestra cultura, forjar vínculos y darnos un respiro del mundo heterosexual que nos envuelve." 

Si los espacios gay continúan siendo redefinidos por la ideología de género, los hombres y mujeres homosexuales no dejarán de reunirse; tan sólo perderán la capacidad de congregarse de manera segura y legal. Se enfrentarán de nuevo a una mayor inseguridad de alienación social y violencia so pretexto por la ignorancia de la clase dominante. 

La violencia de los hombres no es tan compleja como para demandar un detallado análisis sobre los motivos ocultos de los corazones humanos y los espectros de género; es brutal y primitiva y comprendida del todo por aquellos de nosotros que hemos estado sujetas a ella. No voy a entrar en batalla por los hombres homosexuales, sino que intento enviar una carta con el corazón destrozado de los 80. Me gustaría participarles que no somos mejores de lo que éramos entonces; ni siquiera estamos más a salvo. De hecho, estamos apartando la capacidad de hombres y mujeres homosexuales para protegerse contra la violencia de los hombres y desencadenado el tipo de ignorancia sobre sexo, sexualidad y género que condujo a las derrotas sociales y legales del pasado. Quizá no podríamos haber salvado a todos los hombres homosexuales que perdimos por el SIDA, asesinatos y suicidios en los 80, pero debemos ser honestos en cómo los perdimos.

martes, 23 de agosto de 2022

El patriarcado Woke.

https://www.spectator.com.au/2021/06/the-woke-patriarchy/ 

The woke patriarchy. By Edie Wyatt. 30 junio 2021.  

El patriarcado Woke.  

La hipérbole del feminismo progre ha suministrado una partida de pienso para los comentaristas conservadores. Solo la mención del “patriarcado” como una fuerza siniestra ubicua es suficiente para hacer que muchos observadores políticos pongan ojos en blanco de forma espontánea. 

Así pues, en las guerras culturales de izquierda y derecha, es razonable preguntarse por qué una filosofía feminista ha estado en el punto de mira de las instituciones más woke. Duncan Maskell, el Vicecanciller de la Universidad de Melbourne, lanzó un aviso en la actual guerra cultural que rodea a la definición de de sexo y género. 

En un proyecto de “política de afirmación de género”, Maskell ha tanteado la posibilidad de restringir conferenciantes o eventos en el campus universitario en torno al tema de género si tienen puntos de vista “dañinos”. La supuesta distribuidora de los puntos de vista "dañinos" es la feminista y profesora coligada de Filosofía Política, Holly Lawford-Smith. Si Duncan Maskell está interesado en delimitar las inquietudes de las feministas por lo que respecta a la ideología de género, tiene razones para estar nervioso, en especial si está viendo las recientes victorias de las feministas críticas de género en Gran Bretaña. 

Maya Forstater, una mujer a la que se le rescindió su contrato de trabajo en 2019 por “tuits transfóbos”, acaba de lograr una victoria histórica. Forstater perdió en su apelación inicial ante un tribunal laboral, y el juez dictó que sus puntos de vista críticos con respecto al género “no eran dignos de respeto en una sociedad democrática”. Ha impugnado en la actualidad con éxito la decisión del tribunal y ha ganado el derecho de las mujeres británicas a creer que “el sexo biológico es real, importante, inmutable y no debe confundirse con la identidad de género”. Es interesante observar que los medios de comunicación en este momento se refieren a los tuits de la Sra. Forstater como "tuits transgénero" en vez de "tuits transfóbos". Da la sensación de que está cambiando la suerte. 

El fallo se ha sumado al gradual desagrado en las compañías del Reino Unido que contaban con el asesoramiento de la máxima organización activista LGBTIQ Stonewall. En este momento expresan su preocupación de que algunas recomendaciones para afirmar a los hombres autoidentificados como mujeres pueda ver a la patronal en el lado equivocado de la Ley de Equidad con respecto a los derechos de las mujeres. La profesora asociada Lawford-Smith lleva mucho tiempo advirtiendo que existe un conflicto entre las reivindicaciones de derechos de los lobbistas transgénero y los derechos de las mujeres. 

El lamento de "¿dónde están las feministas?" están siendo respondido de sopetón por una sección disidente de la filosofía feminista con la que los conservadores han detestado alinearse, y viceversa. El feminismo “radical” no se ha tragado los cuentos de la identidad de género puesto que se basa en el materialismo marxista y estudia la opresión de la mujer como una clase sexual (no un tipo de género). Esto las vacuna contra la reestructuración identitaria posmoderna del análisis de clase, o lo que la derecha llama “marxismo cultural”. 

En el pasado, los progresistas no eran dueños del feminismo como tampoco las feministas radicales. La crítica feminista del “patriarcado” (la autoridad del padre) como sistema social, cultural y político ha sido esencial para el activismo de las mujeres y surgió de la tensión entre las mujeres y el estado paternal. El Movimiento de Templanza (o El Movimiento por la Templanza) fue uno de los primeros movimientos políticos de mujeres y llegó con argumentos filosóficos célebres sobre la relación de las mujeres con el patriarcado. Las feministas del Movimiento de Templanza eran en su mayoría mujeres cristianas que iban a la iglesia. Argumentaron que si el estado iba a instaurar una política salarial paternal que concedía salarios familiares a los hombres y apenas un salario digno a las mujeres, entonces tenía la responsabilidad de impedir que los hombres gastaran su salario en alcohol. Que los hombres emplearan el salario familiar en alcohol significaba que algunas mujeres se quedaban sin recursos para alimentar a su familia o la capacidad de protegerse a sí mismas y a sus hijos de esposos borrachines y violentos. Fue un apremiante debate filosófico que llevó a la prohibición en los Estados Unidos y, en última instancia, al fracaso del uso de la ontología patriarcal o paternal en las bases del sistema estatal y la política salarial. Las mujeres insistieron en que si el estado era un padre para las mujeres, debería ser un buen padre o un jerarca benévolo. No cabe duda, esto ha demostrado ser mucho trabajo. 

Dado que las mujeres se han convertido en ciudadanas de pleno derecho, propietarias y contribuyentes, las filósofas feministas se dedicaban en su mayoría a las representaciones culturales de las mujeres o del “género”. El problema con la Dra. Lawford-Smith es que ella insiste en que las mujeres demandan una definición legal sobre la base en la que se basa su opresión, su biología. La Dra. Lawford-Smith investiga las consecuencias culturales y éticas de la separación de las mujeres de su sexo, y, en su activismo, procura poner de relieve cómo los cambios en la ley para priorizar el género afecta a las mujeres. 

Emplazamos el debate en la filosofía debido a que ninguna sociedad ha decidido jamás que un hombre puede ser mujer basándose únicamente en una declaración. Los transativistas a fin de cuentas exigen que la persona que se autoidentifica transgénero (si bien no tenemos una definición firme de eso), debe creerse en su palabra con respecto a su "identidad de género", y que esta identidad debe considerarse exactamente como su sexo, por la cultura y en los documentos de identidad. La parte más polémica de esto es Autodeterminación de Género. Esto requiere que sobre el poder de una declaración oficial, cualquier hombre que se identifique transgénero debe ser considerado una mujer, no solo por la cultura sino en el acceso a todos los espacios, establecimientos, instituciones y equipos deportivos. Hay rumores de que el gobierno de Palaszczuk está considerando aprobar una ley de autoidentificación de género en Queensland antes de fin de año, para unirse a Victoria, Tasmania, Australia Meridional y ACT. 

Sin una Cámara Alta en Queensland, esta legislación puede aprobarse sin debate y sin celebrar consultas con las mujeres. En países donde este tipo de legislación es objeto de consultas públicas, y con debate a pleno, está empezando a fallar. 

En Reino Unido, Alemania y España, el proyecto de ley sobre identidad de género ha sido rechazado por causa de los problemas sobre los derechos de las mujeres. El argumento estándar que encuentran las feministas críticas de género es que no hay conflicto entre los derechos trans y los derechos de las mujeres, puesto que las mujeres trans son mujeres, esgrimiendo una ficción legal para crear una premisa filosófica. Para respaldar este argumento, con frecuencia, los transactivistas declaran que no hay pruebas de que las mujeres sean agredidas en los espacios de mujeres por personas que se identifican transgénero. Esto hace recaer la carga de la prueba en las mujeres para mostrar que están en riesgo en un espacio que ya no es de un solo sexo. La comodidad y la dignidad de las mujeres nunca se toman en consideración. 

Desde luego, con la ejecución de la autoidentificación en todo el mundo, ahora hay muchísimos incidentes de agresiones sexuales por parte de hombres transidentificados en espacios de mujeres como las cárceles. Pero la obtención de pruebas hace que las mujeres estén sometidas al rechazo social y jurídico. Las mujeres corren el riesgo de ser arrestadas, encanceladas y en la ruina para acreditar su vulnerabilidad sexual. Una vez más, se están enfrentando con el Estado sobre su vulnerabilidad corporal para obtener protección contra la violencia machista. Para ser honesta, es humillante. 

La Dra. Lawford-Smith se ha involucrado en el activismo para hacer frente a esta manifestación de que no hay un conflicto de derechos entre las mujeres y los hombres transidentificados. Ha puesto en marcha una website para que las mujeres documenten su experiencia en espacios que antes estaban segregados por sexo (noconflicttheysaid.org). 

En el Reino Unido, la evidencia de violencia machista en hombres transfemeninos es difícil de demostrar cuando los delitos cometidos por hombres identificados como mujeres se reportan como delitos cometidos por mujeres. La website transcrimeuk.com trata de recoger los delitos cometidos por los individuos que se identifican como mujeres con la finalidad de mostrar que la violencia machista no se reduce con el cambio de identidad de género. La compilación de estos datos y testimonios se considera “transfobia” puesto que se dice que demoniza a las personas que se identifican transgénero. Entiendo cuán difícil debe ser esto para las personas sensatas y respetuosas con la ley identificadas como transgénero pero cuando los transactivistas reclaman pruebas de que la identidad transgénero no reduce la violencia machista, ¿qué alternativas hay sino apiñar pruebas como un acto de activismo? El uso del testimonio de violación como activismo es una posición indigna para ubicar a las mujeres, sin embargo, aquí estamos otra vez. 

Dadas las tasas de agresión sexual y violencia contra las mujeres por parte de hombres, sabemos que las niñas y mujeres sobrevivientes de violencia sexual por parte de hombres se hallan en los campus universitarios. Me gustaría preguntarle al profesor Duncan Maskell cómo cree que se pueden sentir estas mujeres, sabiendo que su vulnerabilidad sexual jamás puede estar a salvo con grupos espacios o del mismo sexo en el campus. ¿O cómo se sienten las mujeres al saber que se espera que repriman cualquier molestia que sientan en presencia de hombres identificados como mujeres cuando son vulnerables o estañan desvistiéndose dentro del campus? ¿O que a esta misma molestia, miedo y manifiesto instinto de protección que sienten las mujeres hacia los varones, se le está llamando “transfobia”? 

 Las mujeres tienen sus propias necesidades, y los individuos como el profesor Maskell están poniendo en conflicto la expresión de estas necesidades con las personas identificadas como transgénero. No me molestan ni fastidian ni me tiemblan las carnes con los hombres transgéneros autoidentificados, es solo que son con toda seguridad diferentes a mí de la misma manera que los hombres. Y que esta diferencia atañe en la relación que tengo con el Estado y la sociedad, y en los servicios que requiero del Estado y de los organismos regulados por el Estado. 

Si bien hoy en día políticamente me situó más del lado de los conservadores, estoy con Holly Lawford-Smith contra el nuevo patriarcado de la ideología de género, pues intenta taparle la boca las mujeres por expresarse políticamente. 

Necesito recordar a mis colegas conservadores que el establecimiento de la identidad de género en la maquinaria estatal, en el capital y en las instituciones culturales es una violación del principio de la laicidad del Estado. Esto se debe a que el Estado está necesariamente respaldado por el poder de la violencia, que la cultura detenta el poder de la ruina social y el capital mantiene el poder de la ruina económica. El liberalismo debe resistir el contagio ideológico del estado. Entonces, mientras una vez más las mujeres han vuelto a envolverse en el morado, blanco y verde sufragista y gritan sobre el patriarcado, es posible que tengas que tomar partido con ellas. ¿Puedo sugerir una conferencia sobre el tema en la Universidad de Melbourne? ¿Quizás el IPA (Instituto de Asuntos Públicos —Institute of Public Affairs) quiera organizarla?

Traslado, cogemos los bártulos sin mover una pestaña.

 Las traducciones seguirán por acá: https://sosonia.substack.com/   Por cuestión de censura, nada más.  Están eliminando entradas y ni siqui...