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sábado, 11 de junio de 2022

The Cotton Ceiling: One woman's story / El techo de algodón: historia de una mujer. Por Sue Donym.

Todo aquello que se camufla bajo la marca derechos humanos de la ideología de género o transgenerismo, como guste llamarlo. 

El siguiente artículo me ha cautivado, quizá debido a que en todo momento he sido una térfida del copón, aunque me da que hay muchos/as que se podrían encontrar con lo que ella cuenta de esta fabulosa manera. En fin, cuando la soga revienta, la tierra reverdece.  

The Cotton Ceiling: One woman's story / El techo de algodón: historia de una mujer. Por Sue Donym.   https://grahamlinehan.substack.com/p/the-cotton-ceiling-one-womans-story  

 

Recuerdo mis días universitarios estudiando periodismo que parecen lejanos y, a decir verdad, ya son, y con 18 años una amiga me da algo que ella dice explica el género. Es El género en disputa (Gender Trouble) de Judith Butler. He escuchado hablar de este libro. 

La gente lo considera la Biblia. Con ansia abro el libro e intento leerlo. No le veo pies ni cabeza. Llego a la conclusión de que apenas soy inteligente o no lo bastante versada para entender la revelación religiosa. 

Llego a la página sesenta antes de rendirme, las constantes menciones de 'althusseriano' y 'estructuralista' y 'reificación' finalmente me vence. No creo que para nada algo del libro haya conseguido alojarse en mi cabeza. 

Le devuelvo el libro a mi amiga y luego finjo ante todos los que me rodean que he leído el libro. Nadie se da cuenta. Cuando me hago mayor, me doy cuenta de que todos hicieron lo mismo. 

En mi último año gané las elecciones para la Junta estudiantil. Tengo el honor de representar al colectivo 'LGBT'. Estoy orgullosa. No tengo idea de que estoy parada en un acantilado, la tierra debajo de mí se desmorona poco a poco. Entierro mi cabeza bajo la arena a medida que mi posición es cada vez más precaria. 

Me reúno con el personal docente a lo largo del primer semestre. Leí la estrategia. De repente, 'LGBT' ha mutado. Es 'LGBTQI+'. 

No sé qué significan la Q y la defiendo, y mucho menos ese símbolo de suma, según parece, Mengele. Se supone que soy la experta y todas estas personas de mediana edad me miran para explicar el lenguaje de los jóvenes, lo que es peor todavía. Yo, la supuesta juventud. 

 Salgo al paso usando esta inesperada nueva sigla y luego googleo sigilosamente en la reunión. Significa 'Queer' e 'Intersexual', y el signo más aparece como un sello decorativo. 

Me pregunto qué cubre la Q que no cubre 'LGBT', y mucho menos el maldito signo más, y me pregunto por qué es preciso incluir 'intersexual'. Hablan con entusiasmo sobre cómo todos tienen un género. 

Hay mujeres con penes, hombres con vaginas. El género se entiende cómo te autopercibes. Retuerzo lo mejor que puedo mi mente en torno a esta forma de pensar. 

Un hombre es alguien que se comporta como un hombre y una mujer alguien que se comporta como una mujer. Esa es la definición funcional que tiene, si bien se cubre con frases como 'se identifica como'. 

No reflexiono mucho. No puedes. Se ha dicho que esto así es, como siempre ha sido, pensar otra cosa es, en realidad, que estás reproduciendo el kiriarcado, una y otra y otra vez, y asientes y lo aceptas, ya que se ha dado esta serie de hechos y te han dicho que des el visto bueno. 

La pseudociencia lo justifica. La gente habla de 'escaneos cerebrales' y 'mapa corporal equivocado' y 'géneros autóctonos'. Todo son chalauras hipotéticas, pero todo el mundo está de acuerdo con eso. 

Cuando no puedo realizar las contorsiones cognitivas, simplemente no reconozco la evidencia contradictoria. Hacerlo sería saltar de un acantilado al abismo. Es algo reflexivo, inconsciente y su origen está en el instinto de supervivencia. 

Todo el mundo acompaña. Soy una blandengue, así que lo acepto y sigo adelante. Tengo 22 años y no conozco nada mejor y quiero confiar en las organizaciones que dicen que se preocupan por mis intereses. 

Parte de mi rol en la Junta estudiantil fue brindar atención pastoral a los estudiantes en el centro LGBT de mi universidad. Para cuando llegué allí se convirtió en el Centro LGBTQI+. Me considero relativamente estable y equilibrada, perfecta para ayudar a 'mi gente'. 

Muchos de los que vienen a verme tienen problemas muy normales. Charlo con el profesorado sobre no ser homófobos, me reúno con profesores sobre temas LGBTQI y asisto a interminables aburridas reuniones de la Junta estudiantil llenas de jóvenes demócratas hablando de forma pomposa sobre su importancia en el futuro. 

Cada vez son más los que vienen a hablarme de temas trans. Paseando por el centro un día, alguien asume que soy un 'hombre transgénero pre-hormonación'. Cuando los corrijo y digo que soy una lesbiana marimacho, de repente, se vuelven hostiles. No sé por qué, pero me ofende hasta el tuétano que se asuma que soy un hombre. 

Más y más de mis compas marimachos de buenas a primeras comienzan a declararse como 'verdaderos hombres'. No quiero pensar en esto. Se supone que no debes pensar en ello, o cuestionarlo, solo aceptar, afirmar, reconocer y adular su nueva autenticidad hallada. 

Recibo un nuevo paquete de panfletos de una organización de caridad LGBT, los abro y, válgame, descubro que yo, simplemente definida como 'marimacho' (¡olvídate de la lesbiana!), ahora, al parecer, soy 'trans' y estoy bajo el 'paraguas trans'. Digo que esto es ridículo, y en voz alta. Alguien me echa a un lado para preguntarme por qué soy tan transfóba. 

Me reúno con un grupo de caridad. Tienen a esta chiquilla en el personal que se declara 'no binaria' y usa pronombres 'elle/le'. Ella no me parece homosexual y toda su esfera de 'LGBT' parece olvidar las tres primeras letras. Asume que soy una transmaculina. 

Cuando le digo que soy lesbiana, me pregunta '¿estás segura? Quizá cambies de opinión'. Entonces empieza a hablarme de su novio. Me pregunto por qué esta chica heterosexual con el pelo teñido me está diciendo qué hacer en temas homosexuales. ¿Qué le da derecho? 

Al final de la reunión, alguien que conozco del grupo de caridad me dice que 'Aiden' está molesta porque olvidé sus pronombres. No me había dado cuenta. Le digo que esta Mariliendre teñida me dijo que cambiaría de opinión sobre ser lesbiana. Él dice que eso no es excusa para meter la pata con los pronombres de Aiden. 

La próxima vez que me encuentro con Aiden sigue llamándome 'él'. Se altera cuando me cabreo con ella. La presidencia del Cuerpo Estudiantil me envía al día siguiente un email para sírvase explicar sobre el disgusto de Aiden. 

Un día en el centro, entra un hombre con un vestido. Eso mismo pensé yo en mis ideas sin filtro, antes de que la disonancia cognitiva se activara. Pero mi encontronazo con Aiden me enseñó algo importante, tener la boca cerrada. 

El hombre usa ~los pronombres mágicos~, 'ella/la', y esto significa que es una mujer. Se viste como un putón verbenero y declara que él es lesbiana. Dice que es un transfemenino. Pero Chloe es diferente a todos los transfemeninos que había conocido. 

Ellos se definían como 'hombres homosexuales que han llegado muy lejos', te contaban historias hilarantes, mis compinches de bar, discutían sobre 'cuando Madonna se volvió mala', discusiones que se convertían en duelos de bolsos al alba. 

Muchos de ellos eran mayores y muchos de ellos tenían historias de supervivencia en un mundo homófobo, sobreviviendo al SIDA, clientes peligrosos y la alegría que tienen ahora, que los derechos de los homosexuales habían llegado a alguna parte. 

Este hombre era muy diferente a ellos. Se me ponen los pelos de punta cada vez que trato con 'Chloe'. Requiere un esfuerzo consciente para asegurarme no joder sus pronombres, puesto que mi cerebro dice que es 'un jodido hombre', pero mi disonancia cognitiva en torno a la situación y mi sentido de supervivencia sabe que si no llamo a este hombre una mujer yo estaré en problemas. 

He visto los resultados: 'Chloe', los dos metros de altura de 'Chloe', gritando a otro transfemenino, Clara, de la mitad de su tamaño, por decir 'tú eres un hombre, cariño'. El mismo Chloe me exigió que le prohibiera el paso. Me negué. 

Clara deja de venir al centro. Le pregunto por qué y me dice 'esos majaderos travestis no son como nosotros'. Clara jamás volvió al centro. 

Ninguna de estas ideas está consciente acerca de los pronombres de Chloe. Me siento culpable cada vez que mi mente usa los 'pronombres incorrectos'. 

Tengo la cabeza enredada, algo que no habría considerado un estudiante de primer año apareciendo en el centro con el fin de echar un polvo, yo intentando sonreír y aguantar a este tipo. Él logra que cada conversación sea incómoda. Nos relajamos cuando se fue y solo había homosexuales en la sala. 

De repente, mis colegas heteros comienzan a preguntarme si "me acostaría con un transfemenino". Intento tomármelo a cachondeo. Un amigo se vuelve muy insistente y cuando le digo que no consideraría a alguien con pene, comienza a preguntarse si mis preferencias están 'enraizadas en la intolerancia'. Le pregunto si él se acostaría con un transfemenino. Me dice que no, que preferiría una mujer que pueda tener sus hijos. Sonrío y asiento, y cuando termina la conversación, salgo de la habitación cagando leches. 

Chloe conversa a fondo acerca de sus inclinaciones sexuales. Ataduras y cuero y 'ser un dominatriz'. Chloe nos cuenta sobre su poca suerte en las aplicaciones de citas para lesbianas. 

Me reservo que me configuré un buen filtro para filtrar a 'los travelos'. Tampoco le digo que un grupo de mujeres y yo nos habíamos burlado de hombres como él en aplicaciones de citas para lesbianas, intercambiando capturas de pantalla y bromas del Silencio de los Corderos. 

Pronto hay más Cloes y menos mujeres. 

Todos comienzan a hablar sobre el comunismo radical, sobre 'el trabajo sexual es trabajo', 'apropiación cultural' ' y sobre 'TERF' y lo asquerosas que son. Uno de ellos me explica detenidamente por qué no debería leer ninguna obra feminista de los 70, pues odiaban a los transfemeninos... y yo no quería odiar a los transfemeninos, ¿no querría? 

Todos se comportan igual. Sigo recibiendo informes sobre Chloes acosando a la gente en el centro, en particular a las jóvenes lesbianas. Luego hay una afluencia de 'Aidens', mujeres heteros que se declaran hombres homos. Una de ellas me dice que me estoy 'apropiando de la cultura transmaculina'. 

Un día estoy en el centro, y miro por la ventana de mi oficina. Hay una decena de personas sentadas en el área común conversando animadamente. Me doy cuenta de que ninguno es lesbiana o gay en el sentido real de la palabra. 

Me siento incómoda pero no puedo expresar bien por qué me siento tan disconforme. Uno de los Chloes llama a mi puerta. Llleva un top rosa y una falda tubo. Me recuerda totalmente a Buffalo Bill. Me invita a un café. Declino. Él pregunta por qué, ya que soy soltera. Yo digo que estoy ocupada ese día. Intenta otro día. Le digo que ese día juego al fútbol en el club. Él sigue tratando de camelarme. Finalmente prescindo de la amabilidad y le digo que él no me interesa. Él me grita que soy transfóba y se va. 

Unas horas más tarde, mi teléfono revienta. Sus amigos llamándome transfóba por no estar interesada en él. Es sólo una cita, dicen. Un cafecito. Quizás te guste, no lo sabes. Tu última novia vestía igual. Necesitas desaprender tus preferencias genitales. Pienso que mi última novia era 30 cm. más baja que él y tenía coño, pero no digo nada. Ignoro los mensajes. A él se le permiten límites, a mí no. 

Estoy en una clase. Es sobre historias sexuales, una clase que cogí para ampliar mis horizontes de mi licenciatura en periodismo. Trato de no pensar en el préstamo estudiantil que tendré que asumir. Por extraño que parezca, es quizás la primera bofetada a las contorsiones autoimpuestas de mis ideas. 

El profesor comienza su ponencia afirmando que la orientación sexual es, a decir verdad, una construcción social. 

Explica que la palabra 'homosexualidad' no existió hasta el siglo XIX y, por lo tanto, los homosexuales son una creación de la sexualidad victoriana represiva. Esta teoría me parece rara. Había crecido en la era de 'naciste así', desde luego, pero mi homosexualidad parecía biológica, instintiva, fundamental a mi manera de ser. Una poderosa atracción por las mujeres me llegó tan natural como respirar, ver o tirarme un pedo de manera inapropiada en la segunda cita. 

Con todo, aquí estaba este hombre diciéndome que, en realidad, mis percepciones eran meras construcciones basadas en mi entorno. Me pareció extraño. Alguien de la clase, muy conocido por hacer preguntas, levanta las manos y pregunta sobre los romanos — ya sabes, es estudioso de los clásicos y señala que los romanos sabían de los homosexuales. 

El profesor con seriedad informa que, en la práctica, los romanos eran conscientes de un 'comportamiento' y que como 'homosexual' como palabra no existía en esa época entonces no había homosexuales. Solo comportamientos que codificamos y entendemos sobre una base cultural. 

Esto lo entendí menos. Tenía incluso menos sentido que cuando alguien me preguntaba por las personas trans. El profesor señala que 'las personas trans siempre han existido'. Sin embargo, los homosexuales fueron ideados por los primeros sexólogos, más que por su propia definición, ¿tenía que haber heterosexuales que nos crearan, tal como otros, primero? 

Estoy aquí sentada con algunos colegas homosexuales, y uno de ellos se queja del enfoque en los asuntos transgénero cuando aún no tenemos el matrimonio entre personas del mismo sexo a nivel federal. Hablamos acerca de nuestros espacios que desaparecen y digo que a veces soy la única lesbiana entre treinta personas sentadas en el centro de estudiantes LGBTQI+ (había sido renombrado). Lo pienso en términos de echar un polvo, porque de repente todas las 'lesbianas' del centro tenían penes. Sucedió tan rápido que era fácil de notar. Fui a un grupo de lesbianas y resultó una fiesta de salchichas. Me inventé una excusa y me largué. Los Chloe llegaron y las lesbianas se fueron. 

Me siento permanentemente incómoda, observada, que se me quedan mirando fijamente, envidiada. Todos los Chloe hablan sin remilgos largo y tendido de sus genitales y de la violenta pornografía y eso me hace sentir grosera y sucia, y la mayoría de ellos empiezan a darme tirria. 

Posteo en mi Tinder que no me gusta el pene. Me conecto al día siguiente para descubrir que mi cuenta ha sido bloqueada. Tinder nunca me da una respuesta clara de por qué me banearon. 

Termino mi mandato en la Junta estudiantil. No me postulo nuevamente. soy mayor. Termino mi carrera y me voy al mundo real. 

Uno de los Chloes toma mi lugar como 'representante de estudiantes LGBTQI+'. Es el que trató de tener una cita conmigo. Me hace sentir incómoda durante todo el traspaso. Estoy mal a causa de que destruirá todo por lo que trabajé. 

Voy a un bar gay con unos amigos. Pero cuando llegamos nos sentimos los únicos homosexuales en todo el puto bar. Está lleno de gente de pelo teñido. Un hombre con vestido trata de trajinarme y cuando me doy la vuelta y le digo no, me llama 'transfóba con los transfeneminos'. 

Cuando afirmo que soy una lesbiana marimacho, la gente me pregunta si soy una 'TERF'. No sé qué es una 'TERF', aparte de que las 'terfs' son malas. Me han dicho que las terfs son malas así que tiene que ser cierto, ¿no? 

No quiero ser una mala persona. Trato de ir a otras actividades gay y de golpe estoy en minoría. Algunas viejas lesbianas, algunos gays y yo nos amontonamos en un rincón de los espacios que una vez llamamos orgullosamente nuestros, mientras Chloes y Aidens los declaran propios — y lo que es peor, que son como nosotros. 

Es desconcertante, ya no los siento como espacios seguros. Poco a poco, todos dejamos de ir. No había gente gay en el espacio gay. Tengo una amiga lesbiana. Me contó emocionada de una primera cita. Ella lo conoce en una excéntrica cafetería. Es un transfemenino el doble de su tamaño. Cuando le dice al transfemenino que no está interesada, se les va la olla en la cafetería, la llaman intolerante transfóba y gritan y gritan y amenazan con pegarle. 

Ella me lo cuenta porque sabe que no soy una chismosa, pero ella no puede decirlo en público. Será transfóba. Así que se lo come con papas y este hombre puede seguir abusando de las mujeres que puedan creerse a salvo, engañarlas, coaccionarlas y abusar de ellas. Decir lo contrario te cuelga el sambenito de terf. Y las terfs son malas. ¿Por qué las terfs son malas? No preguntes, solo acepta que las terfs son malas. Las terfs lastiman a los hombres transfemeninos y no querrías hacer eso, ¿cierto? 

Al final, mi amiga se entera de que su cita se lo ha hecho a alguien más. Escribe un vistoso post diciendo que no debes ocultar datos importantes sobre ti en los sitios de citas. 

La llaman terf por decir que 'las lesbianas no tienen rabos', y que ser verbalmente abusada en público fue la respuesta racional de una persona oprimida a la opresión. Es una letra escarlata y ella está marcada con ella. 

Soy una gallina y no hablo en público. Me odio. Estoy pensando en mis perspectivas personales y no en mi amiga, y no en mi gente. En vista de que si hablo puedo despedirme de la carrera con la que sueño. Me da pánico que me marquen en la frente esa letra escarlata. Le digo a mi amiga en privado que la apoyo pero no me atrevo a decirlo en público. No me atrevo a hacer preguntas. 

Un día, estoy en Internet sin hacer nada útil en el trabajo. He escrito suficiente ejemplares para cubrir mi culo durante las próximas semanas. Espero hasta que mi jefe se vaya por la tarde y espero pasar el resto del día sin comerme el tarro. 

Veo una publicación en un grupo de estudiantes LGBTQI+ en Facebook. Me he olvidado de salir. Es una publicación de troll, que, según comentan, es 'retórica terf'. 

El enlace sigue ahí y los comentarios estallan reunidos en una indignación teatral. Hago clic en el enlace. Me encuentro riéndome de la descripción de 'hombres travestidos'. Para estas 'terfs', un hombre tiene pene y una mujer tiene vagina. Cualquiera que diga lo contrario es un jodido papanatas. Parece algo tan obvio. Quiero decir, en fin, ¿qué es una mujer? No parece malvado, perverso o malo. Parece... sensato. 

Descubrir más sobre esta nueva forma de pensar se hace adictivo. Sigo deslizándome en mi teléfono. Siempre me ha gustado leer a la gente siendo muy crítica con cualquier cosa y ahora tengo una fuente inagotable articulando cosas que sabía instintivamente pero que no pude encontrar palabras para verbalizarlas, nunca pude encontrar el coraje para expresar con palabras. 

Me pregunto si me estoy radicalizando — me pasan por la cabeza imágenes de ISIS radicalizando a soldados a través de Internet. Si bien todo parece tener mucho sentido. Ya no retuerzo mis ideas en torno a los deseos de los demás, sino que pienso libremente, observando, sin tapujos, sin miedo. 

Sentí como si mi mente se hubiera liberado de las cadenas; encadenamiento impuesto hace tantos años cuando esa ingenua chavala de 18 años quería tener sexo intentando leer El género en disputa. 

La porquería en mi mente se desatascó despacito. Mi forma de pensar cambió de improviso. Ya no estaba negando lo que mis ojos vieron frente a mí. No, ahora veía las cosas como eran. No hubo más distorsiones en mi forma de pensar. Por primera vez en mucho tiempo, me sentí con la cabeza despejada. 

Uno de los enlaces en los que hice clic en mi danza fue un enlace del artículo del Dr. Ray Blanchard sobre 'autoginefilia'. Lo leí y, por fin, tuve una explicación. 

Homosexuales y transexuales. Y 'autoginéfilos'. Los dos tipos de su famosa y controvertida tipología. 'Autoginéfilos': hombres que tenían un fetiche sexual por 'ser una mujer', un fetiche por un alter ego femenino, un fetiche por nuestros cuerpos, nuestras mentes, nuestras almas, nuestras experiencias. Todo reducido a carne de cañón para algún zopenco. 

Explicaba por qué estaban tan desesperados con que las lesbianas salieran con ellos. Nos necesitaban para validar su fetichismo sexual. Nuestras vidas y experiencias, nuestros espacios, nuestras aplicaciones de citas, nuestra cultura, nuestros medios, nuestras website, cada respiración, en lo que respecta a ellos, debía centrarse en validarlos. Ya que, de lo contrario, ¡el castillo de naipes cae! 

¡Estos hombres heterosexuales no podrían hacerse un pajote con sus fantasías de 'ser lesbianas'! No éramos personas, éramos personajes no jugadores en su videojuego. Actrices en pornografía, extras en una película donde ellos eran los protagonistas, y nosotras fuera del guión. No éramos gente completamente formada con nuestros propios deseos, éramos cosas, objetos, utilería. Todo el movimiento homosexual, desde las lesbianas hasta los gays pasando por los transexuales homosexuales, reducido a nada más que atrezo en la fantasía sexual de algún hombre heterosexual. Eso es todo lo que éramos para ellos, a fin de cuentas. 

¡¿Y se esperaba que yo lo aceptara?! ¡¿Se esperaba que todos estuviéramos de acuerdo?! No sólo eso, yo había estado allí. Yo había abogado por esto. ¿Qué había hecho? 

Cada momento que te aproximas, cada momento que comienzas a pensar que algo no está bien, comienzas a sentirte un poco gilipollas. Por supuesto, esto es guay. Todos me lo dicen. Los medios de comunicación, la sociedad, la gente que te rodea. Ni una sola voz expresa preocupación. Cuando las tienes, no dices nada, pues nadie más lo está y porqué eres un pusilánime. 

Te sientes un poco estúpida porque esto es estúpido. Decir que algunas mujeres tienen pene es una estupidez. Sabes que es una estupidez desde el momento en que esa frase estúpida sale de tu boca hasta el momento en da vueltas por tu lengua, hasta el momento en que tus nervios envían la señal a tu laringe para que haga los movimientos necesarios para producir el sonido. Pero, piensas, no eres estúpida. 

No eres tonta, cuando alguien dice 'las mujeres tienen cromosomas XY', o que está genial que un hombre en el equipo de atletismo de la universidad se identifique como mujer y ocupe un lugar en el equipo de atletismo femenino. Sabes que eso no está bien. pero los demás están de acuerdo, y no eres tonta, y no deberías sentirte tonta puesto que todos dicen que esto es lo correcto, el lado correcto de la historia, hacer lo correcto por una minoría oprimida, así que sigues acompañando. 

Te acojona darte cuenta de que eres idiota. También lo son todos los que te rodean. A nadie le gusta que le hagan parecer idiota, a nadie le gusta darse cuenta de que le vendieron un montón de embustes siendo una ingenua de 18 años que buscaba a otras personas homosexuales. 

Y nadie te toma por idiota. Y así continúa la danza, todos demasiado asustados para admitir que, tal vez, todos somos imbéciles, creyendo en algo físicamente imposible, no diferente al predicador embistiendo en la megaiglesia con nuestros propios cánticos, nuestra propia fórmula mágica, conocimiento ritual y la capacidad de nacer de nuevo. Somos listos. Somos liberales. Estamos en el lado correcto de la historia. No podemos estar creyendo en algo que no está respaldado científicamente. Somos más inteligentes que eso. No somos imbéciles. 

Y cuando ya es demasiado, y te deslizas hacia el borde del precipicio, el precipicio del que puedes ver el fondo, el precipicio del que sabes que no puedes regresar, te alejas. Habida cuenta de que repasarlo sería admitir que te han tomado el pelo. A nadie le gusta ese sentimiento, la vergüenza, el bochorno, el horror, el miedo. Lo que está al otro lado de ese acantilado es el exilio, una letra escarlata, el miedo y el odio y las desagradables mujeres que solo quieren ver muertos a los transfemeninos. 

Lo que hay más allá de ese precipicio es la comprensión de que han sido utilizados. Ha sido utilizado por algo más grande que tú mismo, para presionar que medicalicen a la infancia. Has sido utilizado por hombres heterosexuales para ser parte en su fetichismo sexual sin tu consentimiento. Toda tu comunidad, de la noche a la mañana, se convirtió en un atrezo de portagayola para un hombre heterosexual y te dijeron que objetar era 'transfóbico'. 

Te han usado para difundir la homofobia más allá de tu comprensión, para participar en la destrucción de tu propia comunidad, y te dijeron que eso era correcto y bueno. Para darse cuenta de esto, reconocerlo, seguir adelante y tratar de construir algo mejor, eso requiere un auténtico carácter firme. 

Darse cuenta de esto, negarlo y enmascararlo, eso puedo entenderlo. Yo también fui una vez cobarde. Yo tampoco quería creer lo que mis ojos me dijeron que estaba frente a mí. Ese acantilado es aterrador y saltar en apariencia no es más que muerte social. 

Pero llegado el caso algo te empuja sin tu permiso. Te das cuenta de que te han tomado el pelo dado que finalmente ocurre algo tan injustificado que debes hacerlo. Incluso los cobardes más grandes al final serán arrojados por el precipicio. La música parará y el baile acabará, y después de todo sentirás la vergüenza, el bochorno, el horror, el miedo, la culpa. Puesto que a nadie le gusta que lo tomen por tonto. Quizá, entonces, sea mejor ponerle fin a esto ahora mientras todavía te queda dignidad por defender.

viernes, 10 de junio de 2022

We're being pressured into sex by some trans women' By Caroline Lowbridge.

Claridad y ausencia de crispación es lo que hay en el artículo. 

Transfemeninos = hombres que se identifican como mujeres.  //  Transmasculinas =  mujeres que se identifican como hombres. 

Cotton ceiling / Techo de algodón. https://www.bbc.com/news/uk-england-57853385 Publicado en octubre de 2021.  

Nos están presionando para follar con transfemeninos. 'We're being pressured into sex by some trans women' By Caroline Lowbridge. 

¿Es una lesbiana transfóba si no quiere acostarse con hombres transfemeninos? 

Algunas lesbianas dicen que, con cada vez más frecuencia, están siendo presionadas y obligadas a aceptar a transfemeninos como parejas – luego castigadas y bajo amenaza por hablar. 

Varias se han pronunciado con la BBC, junto con transfemeninos que también están preocupados por la cuestión. "Alguien me ha dicho que antes me mataría a mí que a Hitler", dice Jennie, de 24 años. "Dijeron que me estrangularían con una correa si estuvieran en una habitación conmigo y Hitler. Eso fue tan grotescamente violento, solo por no querer echar un polvo con hombres que se identifican como mujeres." 

Jennie es una lesbiana (mujer homosexual). Ella dice que sólo se siente atraída sexualmente por mujeres que son biológicamente mujeres y tienen vaginas. Por lo tanto, sólo tiene relaciones sexuales y relaciones con hembras humanas. Jennie no cree que esto debe ser polémico pero no todos están de acuerdo. Ha sido descrita como transfóba, fetichista genital, pervertida y "terf" – feminista radical transexcluyente. "Hay una argumentación frecuente que tratan usar que dice, '¿qué pasa si conoces a una mujer en un bar y es muy guapa y os caéis muy bien y vas a casa y descubres que tiene pene? ¿no te interesaría?'", dice Jennie, que vive en Londres y trabaja en el mundo de la moda. "Sí, porque, incluso si alguien te parece atractivo en un primer momento, te puedes largar. Tan sólo no tengo la capacidad de sentirme atraída sexualmente por individuos que biológicamente son hombres independientemente de cómo se identifiquen". 

Tomé conciencia de este problema después de escribir un artículo sobre sexo, mentiras y consentimiento legal. Varias personas se pusieron en contacto conmigo para decirme que había un "enorme problema" para las lesbianas, que estaban siendo presionadas para "aceptar la idea de que un pene puede ser un órgano sexual femenino". 

Sabía que este constituiría un tema sumamente polémico, pero quería averiguar cuán extendido estaba el problema. A fin de cuentas, ha sido difícil determinar la verdadera magnitud del problema a causa de que existe pocas investigaciones sobre este tema – solo una encuesta que yo sepa. 

Sin embargo, las afectadas me han dicho que la presión proviene de una minoría de hombres transfemeninos así como de transactivistas que no son siempre varones transfemeninos. Describieron haber sido acosadas y silenciadas si intentaban discutir abiertamente el tema. Yo misma recibí conductas abusivas online cuando traté de encontrar personas para las entrevistas a través de las redes sociales. Una de las lesbianas con las que hablé, Amy, de 24 años, me dijo que fue insultada por su novia, una bisexual que quería que hicieran un trío con un transfemenino. 

Cuando Amy explicó sus razones para no querer, su novia se puso furiosa. "Lo primero que me llamó fue transfóba", dijo Amy. "Enseguida me atacó para hacerme sentir culpable acerca de no querer acostarme con alguien." 

Ella dijo que el transfemenino en cuestión no se había sometido a una cirugía estética genital, por lo que aún tenía pene. "Sé que no existe ninguna posibilidad para que me atraiga esta persona", dijo Amy, que vive en el suroeste de Inglaterra y trabaja en un pequeño estudio de impresión y diseño. "Puedo escuchar sus cuerdas vocales masculinas. Puedo ver su mandíbula masculina. Sé que debajo de su ropa hay genitales masculinos. Estas son realidades físicas que, como mujer a la que le gustan las mujeres, no puedes simplemente ignorar". 

Amy dijo que se sentiría así incluso si un transfemenino se hubiera sometido a una cirugía estética genital – algo por lo que algunos optan mientras muchos no lo hacen. Poco después de eso, Amy y su novia rompieron. "Recuerdo que ella estaba profundamente indignada y enfadada, y afirmó que mi punto de vista era propaganda extremista e incitaba a la violencia hacia la comunidad transgénero, además de compararme con grupos de extrema derecha", dijo.

'Me sentí muy mal por odiar cada momento'. Otra lesbiana, Chloe, de 26 años, dijo que se sintió tan presionada que, en la universidad, terminó teniendo sexo con penetración con un transfemenino después de explicarle en repetidas ocasiones que no estaba interesada. Vivían cerca en residencias universitarias. 

Chloe había estado bebiendo alcohol y no cree que pudo haber dado el consentimiento apropiado. “Me sentí muy mal por odiar cada momento, por la idea de que nos atrae el género en lugar del sexo, y yo no sentí eso, y me sentí mal por sentirme así”, dijo. Avergonzada y desconcertada decidió no contárselo a nadie. "La formulación en ese momento era muy de 'los transfemeninos son mujeres, siempre son mujeres, las lesbianas deberían salir con ellos'. Y yo estaba en plan de cómo, esa es la razón por la que rechacé a esta persona. ¿Eso me hace mala? ¿Ya no se me permitirá estar más en la comunidad LGBT? ¿Voy a enfrentarme a las consecuencias por eso?' Así que en realidad no se lo dije a nadie". 

Escuchar sobre experiencias como estas me condujo a una activista lesbiana para iniciar la investigación sobre el tema. 

Angela C. Wild es cofundadora de Get The L Out, cuyas integrantes creen que gran parte del actual movimiento LGBT ignora los derechos de las lesbianas. Ella y sus activistas se han manifestado en marchas del Orgullo en el Reino Unido, donde han enfrentado oposición.

 Orgullo en Londres acusó al grupo de "intolerante, ignorante y odio." "Las lesbianas todavía tienen mucho miedo de hablar porque creen que no les creerán, ya que el transgenerismo (ideología de género) impone silencio en todas partes", dijo. Angela diseñó un cuestionario para lesbianas y lo distribuyó a través de las redes sociales, luego publicó los resultados. 

Dijo que de las 80 mujeres que respondieron, el 56% informó haber sido presionada o coaccionada para aceptar a un transfemenino como pareja sexual. Si bien reconoce que la muestra puede no ser representativa de la comunidad lesbiana en general, cree que fue importante captar sus "puntos de vista e historias". Así como experimentar presión para tener citas o involucrarse en actividades sexuales con transfemeninos, algunas de las encuestadas informaron que habían sido persuadidas con éxito haciéndolo. "Pensé que me llamarían transfóba o que estaría mal rechazar a un transfemenino que quería intercambiar fotografías de desnudos", escribió una. "Las jóvenes se sienten presionadas para acostarse con transfemeninos para demostrar: no soy una terfa". 

Una mujer informó haber sido atacada en un grupo online. "Me dijeron que la homosexualidad no existe y que les debía a mis hermanos transfemeninos desaprender mi 'confusión genital' para poder disfrutar permitiéndoles penetrarme", escribió. 

Una comparó las citas con transfemeninos con la llamada terapia de conversión, la controversial práctica de tratar de cambiar la orientación sexual de alguien. "Sabía que no me atraían pero interioricé que era por mi 'transmisoginia' y si salía con ellos durante el tiempo suficiente podría comenzar a sentirme atraída por ellos. Fue una terapia de conversión de manualidades", escribió. 

Otra informó que un transfemenino la forzó físicamente a tener sexo tras una cita. "[Ellos] amenazaron con exponerme públicamente como terf y poner en riesgo mi trabajo si me negaba a acostarme con [ellos]", escribió. "Era demasiado joven para debatir y la ideología de género me había lavado el cerebro, así que [ellos] eran una 'mujer' aunque cada fibra de mi ser gritaba por todo, así que acepté ir a casa con [ellos]. [Ellos] usaron la fuerza física cuando cambié de idea al ver [sus] penes y me violaron". Aunque algunos recibieron con agrado en la comunidad LGBT, otros describieron el informe de Angela como transfóbico. 

"[La gente] dijo que somos peores que los violadores porque [al parecer] tratamos de incriminar a todos los transfemeninos como violadores", dijo Angela. "Este no es el tema. El tema es que si sucede, debemos hablar sobre ello. Si le sucede a una mujer, está mal. Pues resulta que le sucede a más de una mujer." 

El youtuber transfemenino Rose de Dawn ha abordado el tema en su canal en un video llamado "¿Es 'transfóbico' no salir con personas que se identifican como transgénero?" "Esto es algo que he visto que pasa en la vida real a amigas. Este asunto sucedía antes de que comenzara mi canal y fue una de las cosas que lo motivó", dijo Rose. "Lo que sucede es que las mujeres que se sienten atraídas por las mujeres y sus genitales se encuentran en posiciones muy embarazosas donde si, por ejemplo, en una website de citas un transfemenino les entra y les dice 'lo siento, no me atraen los transfemeninos, entonces son tachadas de transfóbas." 

Rose hizo el video en respuesta a una serie de tuits del atleta transfemenino Verónica Ivy, entonces conocido como Rachel McKinnon, que escribió sobre escenarios hipotéticos en los que los individuos que se identifican como transgénero son rechazados y argumentó que las "preferencias genitales" son transfóbicas. 

Le pregunté a Verónica Ivy si pudiera decirme algo pero no quiso. 

Rose cree que puntos de vista como este son "increíblemente tóxicos". Cree que la idea de que las preferencias de citas son transfóbicas está siendo impulsada por radicales transactivistas y sus "autoproclamados aliados" que tienen ideas extremas que no reflejan los puntos de vista de los transfemeninos que conoce en la vida real. "Sin lugar a dudas, de mi grupo de amigos, los transfemeninos de los que soy amigo, casi todos están de acuerdo en que las lesbianas son libres de excluir a los transfemeninos de su piscina de las citas online", dijo. Sin embargo, cree que incluso las personas que se identifican como transgénero tienen miedo de hablar abiertamente sobre esto por miedo al abuso. “La gente como yo recibe muchos insultos de transactivistas y sus aliados”, dijo. "El lado transactivista es increíblemente furibundo contra las personas a las que considera que se salen de la línea." 

Debbie Hayton ha sido acusado de propagar discursos de odio contra la comunidad transgenerista, a pesar de ser él mismo un hombre que se identifica como mujer. 

Debbie Hayton, un profesor de ciencias que transicionó en 2012 y escribe sobre temas transgénero, fastidia a gente sobre la transición sin ser conscientes de lo difícil que será entablar relaciones. Aunque hoy por hoy hay pocos datos sobre la orientación sexual de los varones transfemeninos, cree que la mayoría se sienten atraídos por las mujeres porque son hombres y la mayoría de los hombres se sienten atraídos por las mujeres. "Entonces, cuando [los hombres que se identifican como mujeres] están tratando de emparejarse, cuando las lesbianas dicen 'queremos mujeres' y las mujeres heterosexuales dicen que quieren un hombre heterosexual, eso deja a los hombres que se identifican como mujeres en relaciones puntuales y posiblemente sintiéndose muy desilusionados por la sociedad, furiosos, alterados y sintiendo que el mundo intentará hacerle daño", dijo. 

Debbie piensa que está bien si una lesbiana no quiere quedar con un transfemenino, pero le inquieta que algunas estén siendo presionadas para hacerlo. "La forma de avergonzar es simplemente horrible; es una manipulación emocional y una guerra que sucede", dijo. "Estas mujeres que quieren entablar relaciones con otras mujeres se sienten mal por eso. ¿Cómo hemos llegado a este punto?" 

 Stonewall rechazó las peticiones de entrevista de la BBC. Stonewall es la organización LGBT más grande del Reino Unido y Europa. Le pregunté a la entidad sobre estos temas pero no pudo facilitar a nadie para la entrevista.

 Sin embargo, en un comunicado, la directora Nancy Kelley comparó no querer salir con personas que se identifica como transgénero con no querer salir con personas de color, gordas o discapacitadas. Dijo: "La sexualidad es personal y algo que es único para cada cual. No hay ninguna "buena" manera de ser lesbiana, y solo nosotras podemos saber quién nos atrae". "Nadie debería ser presionada para tener citas, o ser presionada para salir con personas que no le atraen. Pero si descubres que al salir estás descartando a grupos enteros, como gente de color, gordos, incapacitados o trans, entonces vale la pena considerar cómo los prejuicios sociales pueden haber moldeado sus atracciones. Sabemos que los prejuicios siguen siendo habituales en la comunidad LGBT+, y es importante que podamos hablar de eso abierta y honestamente." 

Stonewall fue fundado en 1989 por quienes se oponían a lo que se conocía como la Sección 28 - legislación que impedía que los consejos y las escuelas "impulsara" la homosexualidad. La organización, en su origen, se centró en problemas que afectan a lesbianas, gays y bisexuales, luego, en 2015, anunció que haría campaña por la "igualdad trans". 

Un nuevo grupo - LGB Alliance - se formó en parte como respuesta al cambio de enfoque de Stonewall, por la gente que cree que los intereses LGB se están quedando atrás. "Se puede decir que no esperaba tener que luchar por estos derechos otra vez, los derechos de las personas cuya orientación sexual es hacia personas del mismo sexo", dijo el cofundador Bev Jackson, quien también cofundó el Reino Unido Frente de Liberación Gay en 1970.

 "Sólo pensamos que se había ganado la batalla y es muy aterrador y horripilante que tengamos que pelear esa batalla una vez más." LGB Alliance (Alianza LGB) dice que le preocupa sobre todo que las lesbianas más jóvenes y, por ende, más vulnerables sean presionadas para tener relaciones con hombres que se identifican como mujeres "Es bastante alarmante que encuentres a personas que dicen 'Esto no sucede, nadie presiona a nadie para que se acueste con otra persona', pero sabemos que esto no es cierto", dijo la Sra. Jackson. "Sabemos que una minoría pero aún una minoría considerable de hombres que se identifican como mujeres presionan a las lesbianas para que salgan y echen un polvo con ellos y es un fenómeno muy perturbador." 

Le pregunté a la Sra. Jackson cómo sabía que una "considerable minoría" de transfemeninos estaba haciendo esto. Ella dijo: "No tenemos cifras, pero con frecuencia nos contactan lesbianas que relatan sus experiencias en grupos LGBT y en sitios de citas." ¿Por qué cree que ha habido tan poca investigación? "Sin duda creo que se pondría freno a la investigación sobre este tema, casi seguro porque se calificaría como un proyecto deliberadamente discriminatorio", dijo. "Pero también, las niñas y adolescentes, ya que es probable que las jóvenes más inseguras y menos experimentadas sean víctimas de tales encuentros y sean reacias a discutirlo." 

La Alianza LGB ha sido descrita como un grupo de odio, anti-trans y transfóbo. Sin embargo, la Sra. Jackson insiste en que el grupo no es ninguna de estas cosas e incluye a personas que se identifican como transgénero entre sus partidarios. "Esta palabra transfobia la han puesto como caminos del dragón para poner fin a la discusión sobre temas realmente importantes", dijo. "Es hiriente para nuestros partidarios que se identifican transgénero, es hiriente para todos nuestros partidarios ser llamados un grupo de odio cuando somos la gente menos odiosa que puedes encontrar." 

 El término "techo de algodón" se usa a veces cuando se debate de estas cuestiones, pero es dado a la controversia. Proviene de "techo de cristal" que se refiere a una barrera invisible que impide que las mujeres alcancen puestos directivos. 

El algodón es una referencia a la ropa interior femenina, la frase tiene la finalidad de representar la dificultad que algunos hombres que se identifican como mujeres enfrentan cuando buscan relaciones o sexo. "Romper el techo de algodón" significa poder tener relaciones sexuales con una mujer." Se cree que el término se utilizó por primera vez en 2012 por un actor porno que se identifica como mujer llamado Drew DeVeaux. Ya no trabaja en la industria y no he podido contactarlo. 

Sin embargo, el concepto del techo de algodón llegó a una mayor fama cuando se utilizó en el título de un taller de Planificación Familiar Toronto. El título del taller fue: "Superar el techo de algodón: acabar con las barreras sexuales para queer-transfemeninos", y la descripción explicaba cómo los participantes "trabajarían juntos para identificar barreras, desarrollar estrategias para superarlas y construir comunidad". 

Fue dirigido por un escritor y artista que se autoidentifica mujer, quien más tarde se fue a trabajar para Stonewall (la organización le pidió a la BBC que no la nombrara por cuestiones de seguridad). EI transfemenino que dirigió el taller se negó a hablar con la BBC, pero Planificación Familiar Toronto se mantuvo firme en su decisión de celebrar el taller. 

En un comunicado enviado a la BBC, la directora Sarah Hobbs dijo que el taller "nunca fue pensado para recomendar o promover la superación de las objeciones de cualquier mujer a actos sexuales.". En cambio, dijo que el taller exploró "las formas en que las ideologías de transfobia y transmisoginia afectan al deseo sexual." ¿A quién más se le ofreció? 

Además de Verónica Ivy, contacté con otros transfemeninos de perfil alto que han escrito o hablado sobre sexo y relaciones. Ninguno de ellos quiso hablar conmigo pero mis editores y yo sentimos que era importante reflejar algunos de sus puntos de vista en este artículo. 

En un video que ha sido eliminado, el youtuber Riley J Dennis afirmó que las "preferencias" de citas discriminan. Preguntó: "¿De todo corazón, saldrías con un sujeto que se identifica como transgénero? Piénsatelo un segundo. OK, ¿tienes tu respuesta? Bueno, si dijiste que no, lo siento, pero eso es bastante discriminatorio". Explicó: "Creo que la principal inquietud que tiene la gente con respecto a salir con un individuo que se identifica como transgénero es que no tendrán los genitales que aspiran. Debido a que asociamos las pollas con los hombres y los coños con las mujeres, algunas personas piensan que nunca podrían tener una cita con un hombre con coño o con una mujer con polla." "Pero creo que las personas son más que sus genitales. Creo que puedes sentir atracción por alguien sin saber lo que hay en su entrepierna. Y si dijeras que solo te atraen las personas con coño o con polla, de veras se siente como si limitas a las personas a sus genitales." 

Otro YouTuber, Danielle Piergallini, hizo un video titulado "El techo de algodón: transfobia, sexo y citas (pero no transexuales)". Dijo: "Quiero hablar sobre la idea de que hay cantidad de gente ahí fuera que dice que no se sienten atraídas por las personas que se identifican como transgénero, y creo que eso es transfóbico porque estás haciendo una amplia generalización sobre un grupo de personas que por lo general no viene de una buena posición." No obstante, añadió: "Si hay un transfemenino que está en preoperatorio y alguien no quiere quedar con él porque no tiene los genitales que coinciden con su preferencia, eso es obviamente entendible." 

La novelista y poeta Roz Kaveney (transactivista de renombre) escribió un artículo conocido "Algunas reflexiones acerca del techo de algodón" y otro titulado "Más techo de algodón." "Lo que siempre sucede es la creencia de que la persona es el actual estado de sus partes y el historial de sus partes", escribió en el artículo. "Que es el máximo modelo reductivo de atracción sexual más que pueda imaginar". 

Si bien este debate alguna vez fue considerado marginal, la mayoría de las entrevistadas que me hablaron dijeron que se ha vuelto visible en los últimos años por las redes sociales. 

Ani O'Brien, portavoz de un grupo de Nueva Zelanda llamado Speak Up For Women (Hablamos en defensa de la mujer), hizo un video de TikTok dirigido a las lesbianas más jóvenes. Ani, que tiene 30 años, le dijo a la BBC que está preocupada por la generación de lesbianas que son adolescentes. "Lo que vemos es una regresión donde una vez más se les dice a las chiquillas homosexuales '¿Cómo sabes que no te gusta una polla si no la has probado?'", dijo. "Nos dicen que debemos mirar más allá de los genitales y aceptar a un individuo que diga que es una mujer, y eso no es la homosexualidad." "No ves muchas transmasculinas interesadas en hombres homosexuales, por lo que no reciben tanta presión, pero sí ves muchos transfemeninos que están interesados en las mujeres, por lo que nos afecta de forma desproporcionada." 

Ani cree que este tipo de mensajes son confusos para las jóvenes lesbianas. "Recuerdo ser una adolescente en el armario tratando desesperadamente de ser heterosexual, y eso fue bastante duro", dijo. "No puedo imaginarme cómo hubiera sido si al final hubiera aceptado el hecho de que era homosexual para luego enfrentarme a la idea de que algunos cuerpos de varones no son de varones, por lo que deben ser lesbianas, y tener que lidiar con eso." 

Ani dice que en Twitter es contactada por chiquillas homosexuales que no saben cómo salir de una relación con un hombre que se identifica como mujer. “Intentaron hacerlo bien, les dieron un chance y se dieron cuenta de que son lesbianas y no querían estar con un sujeto con cuerpo de hombre, y el concepto de transfobia y discriminación se usa como arma emocional, que no puedes largarte pues de lo contrario eres transfóba", dijo. 

Como otras que han expresado sus inquietudes, Ani ha sido injuriada en internet. “Me han incitado a suicidarme, he recibido amenazas de violación,” dijo. Pese a todo, dice que está decidida a seguir alzando la voz. "Algo de veras importante que debemos hacer es poder hablar sobre estas cosas. Cerrar las conversaciones y llamarlas intolerantes es en efecto inútil, y no debería estar fuera de nuestro alcance o capacidad tener conversaciones difíciles acerca de algunas de estas cosas." 

 

*La BBC ha cambiado los nombres de algunas personas que aparecen en este artículo para proteger sus identidades.

What is the cotton ceiling? / ¿Qué es el techo de algodón? Angela C. Wild.

Claro como el agua, ella es muy certera y da en la diana.  

 

Cotton Ceiling (Techo de Algodón) What is the cotton ceiling? / ¿Qué es el techo de algodón? Angela C. Wild. https://www.filia.org.uk/latest-news/2019/11/9/what-is-the-cotton-ceiling?format=amp  

Presentación sobre la violencia contra las lesbianas en #FiLiA2019 (transcripción a continuación). 

Angela C. Wild es una activista lesbiana feminista, escritora, investigadora y artista política. Su trabajo se centra en la promoción sin concesiones de la visibilidad lésbica, construir una cultura lesbiana, luchar por espacio solo para mujeres así como desafiar la heterosexualidad obligatoria, la femineidad institucionalizada, la maternidad y la pornografía. Es fundadora de ‘Get the L Out’, un grupo de lesbianas escindido del movimiento LGBT+, y autora de Lesbians at ground zero (Lesbianas en zona cero), la primera investigación sobre el techo de algodón. 

Transcripción: Angela C Wild en el panel de FiLiA 2019 ¿Qué es el techo de algodón? 

Esta charla va de la confrontación de derechos entre el movimiento por los derechos trans (transgenerismo) y el movimiento por los derechos de las lesbianas y cómo y por qué estos dos grupos e ideologías son incompatibles, jamás pueden ser compatibles y la razón por la que las lesbianas no pueden apoyar a los transactivistas sin ir en contra de sus propios intereses y sus propios derechos como lesbianas. 

Se habla mucho sobre el choque entre los transfemeninos y las mujeres y el derecho a acceder o denegar el acceso a espacios solo para mujeres. En el caso de las lesbianas, el único espacio de la mujer cuyo acceso se está debatiendo es NUESTROS CUERPOS. Ya estamos en el terreno de la violencia sexual. 

Lenguaje. Quiero aclarar el lenguaje al que me refiero aquí, en particular cuando se trata del uso de pronombres. Para mayor claridad, con el fin de que pueda formarse un claro análisis político feminista basado en el sexo (no en el género) basado en la realidad material, no ideológico, y como declaración feminista de resistencia, creo que es importante que nos opongamos al uso del lenguaje queerificado (que se identifica con queer) y abandonemos la práctica de pronombres preferidos por considerarlo que se les impone a las mujeres para hacernos luz de gas y someternos por la fuerza. No empleo el término “transmujeres”, creo que no es el término correcto puesto que nadie puede cambiar de sexo. Es imposible. En su lugar, usaré términos como “Hombres que se identifican como trans, transfemeninos, lesbianas transgénero.” Usaré pronombres asociados al sexo de alguien. Creo que es urgente que hablemos en esos términos porque esos términos nos están prohibidos en estos momentos. 

 El techo de algodón: El término “techo de algodón” (2012) creado por un transactivista y actor porno para describir las “dificultades” que enfrentan los hombres que se identifican como “lesbianas trans” para ser aceptados como “verdaderas lesbianas”. Encontraron que las lesbianas estaban de acuerdo para que los hombres que se identificaban como lesbianas se unieran a sus comunidades pero fueron reticentes para elegirlos como parejas sexuales. Sabemos que el 80% de los sujetos que se identifican transgénero no están operados, lo que significa que sus genitales están intactos. 

El término “techo de algodón” se copia del término “techo de cristal”. El techo de cristal describe la barrera invisible que enfrentan las mujeres para alcanzar una posición más alta en su área laboral ya que los hombres son los guardabarreras de las posiciones de poder, quedándoselo para ellos. 

Sin embargo, el “techo de algodón” se refiere a las bragas que se ponen las lesbianas: el algodón de las bragas es la barrera que los hombres que se identifican como lesbianas forcejean en atravesar. Se considera que esta barrera niega su validación como “mujer real” y como lesbiana, ya que solo una experiencia sexual con una lesbiana lo convertiría en un “lesbiano real”. 

 Las lesbianas, que no dan su consentimiento, son acusadas de usar sus genitales para "poner puertas a la femineidad" negando a los "lesbianas trans" sus "derechos" a ser lesbianas reales al acceder sexualmente a las lesbianas. El término consensual es importante pues la lesbiana tiene que aceptar (bajo extrema presión y coerción y/o violencia) en la relación sexual para que la validación ocurra mágicamente. 

Las lesbianas explicaron que no querían tener relaciones sexuales con individuos con pene, el término pene fue rebautizado como "chica rabo", "dama bastón", "pene femenino" ("girldick", "lady stick", "lady's penis"). En esta “lógica”, el pene, en virtud de estar unido a un hombre que se identifica como mujer, se convierte automáticamente en un órgano de la mujer. 

Las lesbianas que todavía se niegan a considerar a los “lesbianas trans” como parejas sexuales son llamadas “terfs”, “transfóbas” y “fetichistas vaginales”. Debido a que las lesbianas son vistas como privilegiadas para los hombres que se identifican como mujeres puesto que somos nombradas como "cis" (no transgénero), dicen que oprimimos a los hombres que se identifican como lesbianas. La negativa de las lesbianas a tener sexo con hombres es la forma en que los oprimimos. Pero va incluso más allá Nos dicen que los transfemeninos son mujeres, por lo tanto, si las lesbianas se niegan a tener sexo con individuos con pene, no pueden ser lesbianas en absoluto. Por lo que los hombres que se identifican como lesbianas son lesbianas y las lesbianas que son mujeres no son lesbianas a menos que tengan relaciones sexuales con hombres que se identifican como lesbianas. 

¿Te perdiste? El giro es completo. Investigación. Como esta propaganda del techo de algodón está sucediendo online, también se nos dice por los mismísimos hombres que lo hacen que esto nunca pasa, que las lesbianas no son presionadas sexualmente para aceptar a hombres que se identifican como lesbianas como parejas sexuales. Esto es luz de gas. Es abuso emocional. Quería ver qué estaba pasando con las lesbianas sobre el terreno y si esa retórica tenía alguna implicación para las lesbianas en su vida cotidiana y qué estaba sucediendo en los grupos LGBT, en los sitios de citas para lesbianas. 

La encuesta fue una serie de 30 preguntas enviadas a grupos solo para mujeres y solo para lesbianas. 80 lesbianas respondieron a esa encuesta en 5 días. Dicha muestra no pretende ser representativa de todas las lesbianas. El objetivo de esta investigación fue representar las voces silenciadas de lesbianas y recabar la evidencia que faltaba. Stonewall, cuya investigación sostuvo que era representativa y objetiva, no representa los puntos de vista ni las historias de esas lesbianas. Ellas fueron ignoradas, descartadas o demonizadas. 

Observaciones. Los resultados sugieren que hay una enorme presión en los grupos LGBT para aceptar sin cuestionamiento el transgenerismo y el mantra de que “los transfemeninos son mujeres (transwomen are women)”. Específicamente para las lesbianas, significa que definir el lesbianismo como “la atracción hacia el mismo sexo a la exclusión de quienes tienen o tuvieron penes” se considera una especie de discurso de odio y se castiga con violencia. 

El 50% de las encuestadas informaron haber sido excluidas de su(s) grupo(s) LGBT. El 66% de las encuestadas informaron haber sido intimidades o amenazadas en su(s) grupo(s) LGBT. Estos actúan tanto como presión sexual como silenciamiento de lesbianas. Esto conduce al aislamiento social porque, cuando se las amenaza por internet, es menos probable que las lesbianas participen en grupos o eventos de la vida real. Las mujeres que disienten son demonizadas y llamadas “terf”. 

Las mujeres que callan en los grupos no se libran de presiones y son cuestionadas para revelar si saldrían o no con un transfemenino. Esta constante presión genera una cultura de terror, lo que lleva a que las mujeres se controlen mutuamente para no parecer una "terf" para el resto del grupo. Esta tendencia se está intensificando ya que cualquiera que no abrace el transgenerismo es sospechosa de silenciosa terfa (de terfear a escondidas). 

Sitios de citas lesbianas. Los sitios de citas para lesbianas están infiltrados hombres que se hacen pasar por lesbianas (ya sea que se identifiquen como varones transfemeninos o no y que “pasen” por mujeres o no). Muchas lesbianas se sienten inseguras al pensar en una cita con un hombre. Esta constante presión es una forma de coerción psicológica y hace que las lesbianas se sientan presionadas a aceptar a hombres que se identifican como mujeres como parejas sexuales. "Están conectados adonde vaya y sin descanso." 

Violencia sexual. Las lesbianas han estado sujetas a una amplia gama de violencia sexual por parte de hombres que se identifican como mujeres. Esto fue reportado por mujeres de todas las edades, pero las más jóvenes de entre 18 a 24 años parecían ser el blanco particular de los ataques. Los perpetradores han usado la ideología de género combinada con la culpabilidad para presionar, justificar o excusar la violencia sexual. La violencia sexual fue cometida por hombres que se identificaron como mujeres en un patrón de agresión típico de un hombre. Abarca desde la coerción, el grooming (acicalamiento/ acoso y abuso sexual online), el hostigamiento y la agresión sexual, hasta la violación con engaño o con fuerza física. 

Ocurrió en espacios públicos: clubes, baños de mujeres, con tocamientos sexuales indeseados; en situación de violación por un conocido/ entorno privado: sea mientras las lesbianas eran vulnerables (borrachas, dormidas o no pudieron salir) o durante citas en las que las mujeres retiraron su consentimiento y luego fueron “persuadidas” o violadas a la fuerza. Conclusión. Entonces, ¿qué es una lesbiana? Para nosotras lesbiana es una mujer que se siente atraída exclusivamente por mujeres. 

En mi universidad una lesbiana es alguien que se identifica como mujer que siente atraído sexualmente en por alguien que se identifica como mujer. Esta es la ideología que todos los grupos, comunidades y organizaciones GBT del país que promocionan. Efectivamente borra la definición de lesbianismo del lenguaje porque ahora incluye a los hombres. 

Cuando a las lesbianas se les niega el derecho a experimentar el lesbianismo, estamos presenciando un tipo de cultura de la violación y un tipo de terapia de conversión. La heterosexualidad se impone a las lesbianas, tan sólo que hoy se llama queer y se llama progresista. Porque una lesbiana es una mujer que se siente atraída exclusivamente por mujeres y porque una lesbiana que le dice a un hombre que se identifica como lesbiana “No voy a tener sexo contigo”, en realidad está diciendo “No eres una mujer, eres un hombre”. Ella de hecho está negando su validación como una "mujer real" y como lesbiana. 

Ahora tenemos un movimiento que afirma que los cuerpos y la sexualidad de las lesbianas son una herramienta de validación para hombres. Y si comprendes eso, ves por qué es tan importante para el transactivismo silenciar y demonizar a las lesbianas que disienten. 

Una lesbiana que dice que no es una amenaza que debe ser derribada. Cada hombre que se identifican como lesbiana, así como el transativismo en su conjunto, depende de la invasión de los cuerpos de lesbianas para su validación. El borrado lésbico del lenguaje y la práctica y la colonización de nuestros cuerpos es literalmente una cuestión de vida o muerte para la existencia y validación de su identidad y, en consecuencia, de todo el transgenerismo. Eso es lo que es el techo de algodón.

Girl dick, the Cotton Ceiling and the cultural war on lesbians and women.

Le di más de una vuelta por si traducir este artículo o no, al final pensé que si lo explica un hombre queda bien la perspectiva. Es interesante esta lectura por la posición de quién la escribe. 

Cotton Ceiling. "Pollas femeninas, el techo de algodón y la guerra cultural contra lesbianas y mujeres." https://medium.com/@mirandayardley/girl-dick-the-cotton-ceiling-and-the-cultural-war-on-lesbians-and-women-c323b4789368 

 Debería existir un lugar donde las malas ideas van a morir, y la primera idea a ser enviada allí en primera clase y un viaje express hasta las profundidades abisales debe ser lo que coloquialmente se conoce como "el techo de algodón". 

 El techo de algodón, acuñado por un hombre "lesbiano" pornógrafo, se refiere a la barrera que enfrentan los hombres autopercibidos mujeres cuando se le niega el acceso sexual con lesbianas. 

¿Sorprendido? Sigue leyendo. 

Estás a punto de quedarte atónito cuando conozca la apropiación de las vidas, de miedo y cultura de las mujeres por parte de la forma de homofobia que está más de moda hoy en día. Se trata de un ataque a la autonomía sexual y corporal de todas las mujeres y especialmente de las lesbianas, y no solo está rubricado por las organizaciones que se supone deben defender los derechos de las lesbianas y los gays, sino que de manera positiva se celebra tanto que detrás de estas organizaciones ya no están los intereses de lesbianas y gays. La cuestión es ahora la cuenta bancaria. 

Nos puede dar una idea de cuán devastador se ha vuelto el debate transgenerista en las políticas y organizaciones LGB&T que quien escribe este artículo es un transexual. No obstante, estoy en una posición singular para poder escribir este artículo, ya que soy un hombre que 'vive como una mujer', sea lo que sea que eso signifique, y puedo ver exactamente cómo piensan demasiados activistas por los derechos de las personas transgénero. Y como sabe cualquiera que haya participado alguna vez en las redes sociales, cualquier crítica al transgenerismo, que todos tenemos derecho a aceptar, criticar y rechazar, cualquier desviación del mantra lavacerebros 'las mujeres trans son mujeres', se enfrenta con reportes a nuestros jefes, amenazas de violencia física y amenazas de violación y muerte. Esta es una forma ferozmente nociva de activismo por los derechos sexuales de los hombres que han conseguido reinventarse y reencuadrarse como un movimiento de derechos civiles. 

El marco de cualquier discusión o debate es muy importante, y el lenguaje político a menudo se utiliza para replantear las amenazas como inofensivas, o para vendernos ideas que por regla general jamás aceptaríamos. A veces, aunque la única manera de explorar y que realmente comprendan algo es alejarse de cualquier pretensión postestructuralista subjetiva y abandonar la tenue iluminación del lenguaje político que a conciencia nos han enseñado volviendo a la buena y pasada de moda de descripciones precisas y objetivas: así todos los pronombres y referencia al sexo dentro de mis escritos deben estar implícitos en el sexo real para la vida real, y los hombres serán referidos como tales, incluso cuando LARP 24/7 (LARP = Live Action Role Playing = interpretación de roles 24h, 7 días a la semana como) como la idea de un hombre de lo que es ser una mujer. No podemos hablar razonablemente sobre la sexualidad y la orientación sexual a menos que seamos capaces de identificar correctamente el sexo, y ser coherente con el sexo también me permitirá distanciarme de la reformulación transgenerista de la naturaleza intrínsecamente excluyente de la orientación sexual como actos de intolerancia y odio, pues no lo es: tenemos permitido fijar nuestros límites personales, íntimos y sexuales y rechazar las relaciones sexuales y románticas sin tener que justificarlas. La idea homofóbica y antilesbiana (lesbófoba) que se había enclavado en el seno del transgenerismo tiene, por supuesto, un nombre: el techo de algodón. Wikipedia define el techo de algodón como "... la dificultad que experimentan los hombres autopercibidos como mujeres a la hora de establecer relaciones con lesbianas y gays, y en los espacios sociales de lesbianas y gays en líneas generales." 

Es preciso deconstruir con cuidado esta cuestión, en particular, la base de la exclusión es tremendamente importante: los intentos de reformular la exclusión como 'odio transfóbico' basado en que la exclusión es 'porqué son trans' es el argumento más común, sin embargo, el fin real lo reveló claramente Julia Serano al escribir en 2014 en The Daily Beast ' The Struggle to Find Trans Love in San Francisco (La lucha por encontrar amor trans en San Francisco https://thedailybeast.com/the-struggle-to-find-trans-love-in-san-francisco )", que es una obra maestra en el moderno sentido de realizar magias por la que ahora es imposible hablar de nuestra orientación sexual en función del sexo sin que nos acusen de intolerantes o algo peor. La obra incluso se presenta con el subtitulado: "para una mujer trans, buscar una cita dentro de la comunidad lesbiana de San Francisco resultó más difícil de lo previsto.” 

Así, al redefinir a Serano como una mujer, demonizó ipso facto a esas jodidas malévolas lesbianas y él se pinta como una inocente víctima de una injusta negativa discriminación. 

Lo que hace Serano es reformular su dificultad para encontrar una mujer homosexual que tenga sexo con él como un síntoma de opresión sistemática y estructural. Aquí, él, el hombre en busca de una relación sexual con una mujer homosexual, es extrañamente reformulado como la víctima: "Si fueran un minúsculas porcentaje de lesbianas cis las que no estuvieran interesadas en absoluto en las mujeres trans, lo consideraría una mera cuestión de preferencia personal y ya. Pero esto, sin embargo, no es un problema menor — es sistémico; es un imperante sentimiento en las comunidades de mujeres queer. Y si la abrumadora mayoría de lesbianas cis salen y follan con mujeres cis pero no están receptivas a la idea de salir o follar con mujeres trans, o incluso les repugna, ¿cómo no va a ser?”. 

Claro que sí, esto sólo funciona si percibimos a Serano como una mujer desamparada y no un hombre cuya idea de “mujer” no es otra cosa que un objeto sexual, como explica Serano en este pasaje autobiográfico de Whipping Girl: "Cuando llegué a la pubertad, mi recién encontrada atracción por las mujeres se sumergió en mis sueños de convertirme en una chica. Para mí, la sexualidad se convirtió en una extraña combinación de celos, autodesprecio y lujuria. Porque cuando aíslas a un adolescente que se identifica transgénero influenciable y lo bombardeas con fabulosos anuncios que ponen al descubierto a mujeres en bikini y a chavales teniendo charlas de machotes sobre las tetas y el culo de una y de otra, entonces aprenderá a convertir su identidad de género en fetichismo… Mi mente de 13 años había empezado a concatenar escenarios de libros de sadomasoquismo. La mayoría de mis fantasías empezaban con mi abducción: me convertiría en la arcilla en manos de algún hombre retorcido que me convertiría en mujer”. 

Dentro del mundo del transgenerismo, el elefante en la habitación que nadie quiere reconocer es la influencia del sexo; para los de afuera, esto es claro como el agua, y si chapuceas en trans-Twitter o los tablones de 4Chan (¿4Tran…?) que muestran obsesión con el anime y una conceptualización de la “mujer”, y por supuesto de “lesbiana”, influido por la pornografía. La fantasía del hombre de ser el espectador de dos (o más) mujeres que tienen relaciones sexuales evolucionado cuando se introduce en la escena al hombre excitado que a golpe de identidad se ha vuelto “lesbiana”, y este es el fantástico escenario al que aspira el “transfemenino”: la aceptación como mujer en el nivel más fundamental, una mujer que está sexualmente orientada solo hacia las mujeres. Este es el desafío que desean abrir, éste es el jefe de final de nivel. 

A nadie debería sorprenderle que “techo de algodón” haya sido acuñado por un actor porno que se autopercibe mujer, Drew DeVeaux, en 2012, y que el término aluda a la estructura sistémica de poder que se ha usado para mantener a las mujeres en su posición, el “techo de cristal”. Tampoco debería sorprender, puesto que la pornografía es una industria dirigida por y para hombres, que otros actores porno transfemeninos hayan reprochado a sus colegas lesbianas por no querer "actuar" con un individuo con cuerpo de varón y genitales funcionales. 

Al escribir ' Why I Went to War (Por qué fui a la guerra)', en 2014, Lily Cade relató un intento de intimidación por parte del actor porno que se percibe como mujer Chelsea Poe. Chelsea Poe: “Chelsea Poe, un hombre transfemenino (aún) no operado (o sea, un ser humano con pene y testículos) me pidió que lo incluyera en mi porno lésbico. Dije no y me acusó de transfobia… Lo que Chelsea me estaba pidiendo era que gastara mi capital, mi energía, la confianza de mis fans lograda a lo largo de seis años en el porno para luchar por su causa: su causa consistente en demostrar que es atractivo. Chelsea me pidió que le diera curro en mis películas… Chelsea exigía que en nombre de la “igualdad” le diera un papel y pagara para que alguien se lo follara y así él poder ondear su rabo en la cara de mis fans lesbianas para demostrar que debían dejar de ser intolerantes o no sé qué y aceptar que él está buenorro”. 

Autostraddle, publicado en 2013 “Getting with girls like us: a radical guide to dating trans women for cis women” (Saliendo con chicas como nosotras: una guía radical para salir con mujeres trans, dedicada a mujeres cis): “se refirió a mí como “transfemenino”, y no como “mujer”. Que estás cenando: también es una mujer cis quedando como gilipollas. Y más allá de eso, esta clase de cissexismo ignorante se interpone y nos impide acercarnos y divertirnos juntas… Si los genitales son la única razón para que te guste alguien, yo sí creo que vale la pena pensarlo detenidamente.” Y justo cuando piensas que no hay manera de que la cosa empeore, lo hace: “Con anterioridad había escrito sobre la marginación que he experimentado como un transfemenino que busca quedar en la comunidad de mujeres queer. Bien, quiero insistir en que nadie está obligado a tocar el pene femenino si ellas no están en eso. Sin embargo, también es importante recalcar: 

1) No todas los transfemeninos tienen pene. 

2) No contamos con los medios para distinguir entre los transfemeninos y las mujeres cis. 

Las implicaciones de ambos puntos es que afirmaciones como “Me atraen las mujeres cis pero no los transfemeninos” simplemente no tienen sentido y están arraigadas en el prejuicio social”. 

Toda insinuación de que esto está dirigido a los hombres así como las mujeres es engañoso: Autostraddle y Everyday Feminism (que distribuyó el artículo) son website dirigidas a mujeres, y está claro que el artículo está orientado sexualmente a las mujeres. P

or lo que el artículo se propone argumentar en contra de cualquier objeción de que una mujer pudiera salir en plan cita con un miembro del otro sexo. Piensa en lo que esto significa: hace cinco años, las revistas online para mujeres decían que las lesbianas debían entregar su cuerpo a hombres que decían identificarse como mujeres. (Un excelente ejemplo de luz de gas (gaslighting) y manipulación franca y directa que ahora emplean los activistas se adaptó en un artículo de Femonade, “The Cotton Ceiling? Really?” (¿Techo de algodón? ¿sí?). 

Nos encontramos en un mundo distópico en el que no podemos hablar de sexo, orientación sexual o siquiera nombrar la relación de estos en relación con el pequeño grupo de perpetradores del acoso y violencia sexual y de otro tipo contra mujeres y niñas. Imagínate lo que significa para todos que nuestros medios de noticias e información y nuestros canales de discusión hacen imposible que tengamos una charla profunda sobre estos asuntos. 

¿A dónde vamos a parar? Si has estado siguiendo este debate desde sus orígenes, será evidente que no ha cambiado nada salvo que esta homofobia sin salida al sexo se ha vuelto, sin rodeos, corriente principal con una lista tan larga como tu brazo (de ¡hombres!) que intentan hacerte sentir culpable por tu orientación sexual. Y debido a la forma en que nuestro uso del lenguaje ahora se impone, con Facebook y Twitter suspendiendo incluso cancelado a quienes rechazamos someterse al integrismo del transgenerismo, y a que servicios de Automatic, Inc. censura información de los posts de blogs en WordPress, ya que nos movemos en un mundo distópico en el que no podemos hablar de sexo, orientación sexual o siquiera nombrar la relación de estos en relación con el pequeño grupo de perpetradores del acoso y violencia sexual y de otro tipo contra mujeres y niñas. 

Por chistoso y ridículo que parezca que Zinnia Jones hable de su “polla femenina”, que Riley Dennis insinúe que es “cissexista” sentirse atraído sólo por gente con determinado tipo de genitales y tus preferencias sobre con quién quedar son actos de odio, o que Roz Kaveney alegue que “los rabos de los transfemeninos no son penes”, no te dejes engañar por la profundamente enraizada homofobia de lo que ocupa el núcleo de lo que intentan hacer estos hombres, que consiste en neutralizar que las mujeres pongan sus propios límites íntimos y sexuales. 

Por supuesto, nada nuevo bajo el sol que los hombres heterosexuales traten de hacer esto: ahora la diferencia es que se está haciendo bajo el estandarte del progresismo y en nombre de los derechos civiles. A menudo, los que están metidos en esto dicen que hay un factor generacional en juego, que “la gente joven entiende lo que significa transgénero” y que todos los demás no somos más que unos viejos dinosaurios con el rollo de nuestros límites personales y nuestras orientaciones sexuales. 

Se trata, sin embargo, de una cortina de humo para ocultar, a decir verdad, que por años ha habido organizaciones infiltrándose en nuestras escuelas, agrupaciones juveniles y en la cultura para directamente atacar la protección basada en el sexo de los jóvenes e inculcar que el sexo es algo que existe en nuestra cabeza y no una realidad física. Si uno mira a nuestros grupos de apoyo a lesbianas y gays, se te perdonaría si creyeras que ninguno de estos problemas existe. 

Aquí en Reino Unido tenemos en Ruth Hunt, de la organización Stonewall, y Linda Riley, de la revista Diva, dos mujeres dispuestas a aceptar la integridad de lo que significa ser una hembra humana homosexual, una lesbiana, y estas mujeres, que de hecho son lesbianas, han insertado al marco de sus competencias a la clase de gente a la que el lesbianismo excluye, los hombres, y han torcido los objetivos de su organización para prácticamente centrarse en los intereses amorosos del hombre heterosexual. 

En Stonewall, el documento preguntas y respuestas “The truth about trans” (La verdad sobre lo trans), encasilla cuidadosamente hasta qué punto están dispuestos a llegar Hunt y Stonewall para eliminar la realidad material de lo que es ser una mujer homosexual: "Bien, ¿podría una lesbiana tener como pareja a un hombre transfemenino, o un hombre gay estar con una mujer transmaculino?’ “Claro que sí. si se les antoja. Ante todo tenemos que reconocer que los transfemeninos son mujeres y las transmaculinos son hombres. Después de eso, se trata de un asunto de quién te atrae. Los adultos son libres de tener con otros adultos que consienten, sea cual sea su orientación sexual o identidad de género.” 

Linda Riley, de Diva, no quiere discutir con mujeres homosexuales sobre si los hombres pueden llamarse lesbianas. en lugar de doblar sus apuestas reformulando su deseo de validar a hombres heterosexuales como lesbianas, lo replantea para presentarlo como nada menos que incitación al odio: "Me niego a cambiar mis puntos de vista sobre la Inclusividad Trans en @/DIVAmagazine, y cuando te conocí lo deje muy claro. Para explicarlo con claridad: DIVA no imprimirá ni publicará posturas que nos parezca que incitan al odio contra la comunidad trans.” 

Esta flagrante negligencia de Hunt y Riley, tiene componente clave, claro está, con el dinero: el complejo empresarial de la diversidad y la inclusión ofrece buena retribución a las organizaciones que les complace la promoción del mensaje de que la gente debería dejar de pensar por sí misma y entregar su control sobre sus límites personales. 

Entonces tenemos que las mismas organizaciones que deberían estar combatiendo la devastación de la cultura lesbiana y gay, que con la etiqueta de “queer” ha visto su fuerza política diluirse a una trascendencia homeopática, se han vuelto, en cambio, cheerleaders de los pobres, tristes, sexualmente oprimidos hombres heterosexuales y no quieren desafiar las dañinas prácticas culturales que afectan a nuestros jóvenes lesbianas y gays, ya que se considera “progresista”. 

Sólo en Reino Unido, entre 2017 y 2018, 1,806 chiquillas fueron remitidas al Servicio de Identidad de Género de la Clínica Tavistock en busca de tratamiento hormonal y otras intervenciones para convertirlas en “hombres”. 

No existimos en un vacío, y sin embargo, los intentos de investigar las causas de este fenómeno se han enfrentado a ataques de activistas, creándose un ambiente insostenible para los científicos interesados en investigar este fenómeno. 

El paper de Lisa Littman "Rapid-onset gender dysphoria in adolescents and young adults: A study of parental reports (Disforia de género de veloz aparición en adolescentes y adultos jóvenes. Estudio de informes parentales)" ha investigado un cambio de tónica en el patrón y la constitución de los menores que se presentaban con disforia de género: 82.8% (212) de los 256 menores en el estudio eran niñas. Por supuesto, quienes se quejaron del estudio eran hombres: para esos activistas, las niñas que se ven afectadas por esto no tiene importancia. 

Arielle Scarcella, figura lesbiana de youtube, ha gastado nueve años produciendo videos para su canal y en su trabajo siempre ha incluido las vidas y perspectivas de los transfemeninos. Los transactivistas deberían estarle agradecidos a esta aliada por su honesto apoyo y alianza, al fin y al cabo no debe nada al transgenerismo. En cambio, ha sido objeto de ataques y abusos por todos los sectores del transactivismo. Arielle siempre ha hablado de la inclusión de los “transfemeninos” en su comunidad y ve del daño que está haciéndole esta nueva comunidad legítima culturalmente de coerción sexual. 

En “Dear trans women, stop pushing ‘girl dick’ on lesbians” (Queridos transfemeninos: dejen de presionar a las lesbianas con el “pene femenino)", ha observado: "Están diciéndole a las adolescentes lesbianas que su orientación sexual es intolerante — Es hora de que los transactivistas dejen de coaccionar con el ‘pene femenino’. Decir que se trata de ‘preferencias’ genitales es un mal uso de las palabras.” 

Esto es la antítesis de la libertad: esta es una nueva forma de fascismo mediante la coacción económica que ha sido astutamente disfrazado como un movimiento de derechos civiles. Las víctimas de esta nueva religión claro está son mujeres: la cultura lesbiana se ha diezmado como bares de lesbianas rebautizados como “queer” para ser más “inclusivos”, que en este contexto significa “con menos probabilidad de recibir ataques de transactivistas denunciando discriminación.” 

Grupos, organizaciones e incluso festivales que son sólo para mujeres están obligados, por amenazas directas a la financiación, a aceptar la “autoidentificación” como el pasaporte a esos espacios, más que como un conjunto de características físicas y una vida repleta de experiencias viviendo las resultantes consecuencias personales e íntimas. Esto es la antítesis de la libertad: esta es una nueva forma de fascismo mediante la coacción económica que ha sido astutamente disfrazado como un movimiento de derechos civiles. Si el transgenerismo puede describirse como revolución, es tiempo de la contrarrevolución. Preparémonos para el contragolpe. 

 

Fue publicado el 5 de diciembre de 2018 en AfterEllen/com. Lo que le sigue en el artículo son capturas de comentarios de todo tipo que recibió.

Traslado, cogemos los bártulos sin mover una pestaña.

 Las traducciones seguirán por acá: https://sosonia.substack.com/   Por cuestión de censura, nada más.  Están eliminando entradas y ni siqui...