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viernes, 2 de septiembre de 2022

El transgenerismo es un peligro evidente y de actualidad para nuestros niños.

https://www.conservativewoman.co.uk/daniel-moody-transgenderism-real-present-danger-children/ 

Transgenderism is a real and present danger to our children. By Daniel Moody. 2 de febrero de 2017.  

El transgenerismo es un peligro evidente y de actualidad para nuestros niños. 

Tiendo a juzgar un libro por su índice. Pero “¿Puedo contarle lo que es la diversidad de género?” https://uk.jkp.com/ de CJ Atkinson no tiene índice. Solo tiene un glosario; así que acudí a él para buscar dos términos: sexo y género. No es de sorprender que solo encontrara la mitad que buscaba. 

El glosario define género como 'cómo se siente una persona en cuanto hombre/mujer/ninguno/ambos/otro'. Sí, esto es indescifrable; pero el término sexo ni siquiera forma parte del glosario y esta omisión es, pues, por entero indicativa del objetivo mismo del libro. Si bien el ser humano se materializa como uno de los dos sexos, que llamamos 'hombre' y 'mujer', este libro no está demasiado interesado con lo que somos. Sólo se preocupa por quiénes creemos que somos. Conque el sexo no es válido en la conversación. 

Nuestro escenario, entonces, es el paraíso neo-gnóstico de la autoinvención. 

Pensado como recurso escolar, este pequeño volumen cuenta la historia de Kit, una niña de 12 años que cree que es un "niño". La historia está contada desde su punto de vista, lo que permite que emplee un lenguaje simple, por lo cual es comprensible para los niños. 

Kit nos dice que, como sujeto que te declaras como transgénero, se puede experimentar disforia de género o no, y puedes que te sientas en el cuerpo equivocado. O no. Quizá prefieras hacer una transición médica, pero preferir no hacerla no te hace menos transgénero. Es más, tu identidad tal vez siga igual a lo largo del tiempo o puede cambiar, y tu conciencia transgénero puede aflorar durante la niñez, la adolescencia o reaparecer en cualquier momento. Hay un montón de maneras diferentes de ser transgénero y son lo mismo. 

Podemos concluir con seguridad que no hay nada ahí. 

El autor pone en escena muchas de las principales contradicciones relacionadas con el género, todo esto depende de la premisa inicial de que la condición de mujer de Kit simplemente la 'atribuyó' 'al nacer un extraño, una acusación dramatizada en este exagerado artículo “No dejes que el médico le haga esto a tu bebé (Don’t Let the Doctor Do This to Your Newborn https://slate.com/gdpr?redirect_uri=%2Fblogs%2Foutward%2F2014%2F06%2F26%2Finfant_gender_assignment_unnecessary_and_potentially_harmful.html%3Fvia%3Dgdpr-consent&redirect_host=http%3A%2F%2Fwww.slate.com)”. 

El problema de los estereotipos con rapidez hace acto de presencia en el relato de Kit: ¿nos limitan o nos definen? Desde pequeña, Kit supo que no era una niña puesto que "no le gustaba jugar con muñecas". Más tarde, sabe que ella es un niño porque lleva "ropa de niño" y tiene "corte de pelo garçon". 

La tensión entre el género como construcción artificial y el género como identidad innata va a mostrar su careto. Aprendemos que los bloqueadores hormonales son "un tipo de tratamiento (sic) que impide atravesar la pubertad que te asignaron al nacer". Así es: la pubertad en esta delirante forma de pensar se convierte en una construcción social. El libro además saca a relucir la noción un tanto aceptada y un estribillo a menudo repetido de que el género es un espectro. Sin embargo, como explica aquí (https://aeon.co/essays/the-idea-that-gender-is-a-spectrum-is-a-new-gender-prison) la académica feminista Rebecca Reilly-Cooper, no es solo inquietante desde el punto de vista político para las feministas, es una idea ante todo ilógica e incoherente. 

El libro procede a informarnos de las repercusiones negativas de “denegar el acceso a su identidad a un crío”. Cinco páginas más adelante se nos recuerda que el derecho a la intimidad comprende guardar el secreto de su “condición trans”. Dejando de lado la cuestión de cómo X le puede negar el acceso de X, el permiso legal para encubrir de alguna manera nuestro sexo nos dice algo significativo: el transgenerismo no va de abarcar nuestra mente. Es cosa de renegar de nuestro cuerpo. 

A medida que las proclamas del libro se vuelven más extremas y el lector se ve presionado para zambullirse en esta realidad virtual como "más real" que la "verdadera realidad", la presencia de una narradora de 12 años ya no es apta — si es que alguna vez lo fue — y se vuelve algo muy inquietante. Esto en particular se hace patente cuando Kit aborda la medicina, el lenguaje y la ley. Kit está segura que ella querrá tomar testosterona a los 16 años. Le permitirá pasar por la “pubertad de chico” al mismo tiempo que 'otros chicos' de su clase. Su amiga Tobi "podría realizarse la mastectomía para extirparse ambas mamas". Lo mismo, Kit dice que puede tener "terapia de reemplazo hormonal (sic)" para "ayudar a su cuerpo a convertirse en el cuerpo correcto para ti". 

Esta no es una revista de moda que ofrece consejos sobre cómo lograr el deseado el cuerpo de verano. No, va de una niña de 12 años enseñando a los niños una actitud del descarte hacia el cuerpo: ¿hay partes de tu cuerpo que no te gustan? Así pues córtalos y tíralos. 

Alentar a los chiquillos a tales despreocupados actos de violencia contra ellos mismos es de veras sádico. 

De igual forma se nos presenta la solución por defecto de cómo reaccionar si nos equivocamos de género (misgender) o usamos los pronombres 'equivocados'. El protocolo de género requiere que nos disculpemos y a tirar hacia adelante — o hablándole en cristiano, que admitamos que nos equivocamos y no se repita. 

Volviendo a la ley, Kit nos informa que la Ley de Igualdad de 2010 ha permitido al colegio “hacer cosas para ayudarla (a ella) sin la preocupación de que estuvieran infringiendo alguna ley”. ¿Has pillado eso? La Ley permite, en realidad fuerza, a los colegios a hacer lo que antes era impensable, como que los niños y las niñas se duchen juntos. Esta sorprendente confesión es el quid de la cuestión. 

Un libro que en apariencia trata sobre acomodar la diversidad también nos instruye a utilizar las palabras comunes como 'hombre' y 'ella' en un plano totalmente nuevo. ¿Por qué? ¿Y por qué las referencias amenazadoras a la Ley de Igualdad? Porque dista mucho de resultar aparatoso y fuera de lugar, el nuevo lenguaje y las nuevas leyes son del todo necesarios para la ideología. 

Plantéese: después de las vacaciones de verano, Kit vuelve al colegio como "quien soy en realidad" — un 'niño' — y todos en su clase "tenían calcomanías que decían cuáles eran sus pronombres". ¿Por qué? Lo que está pasando aquí no es un esfuerzo por acomodar el transexualismo al tiempo que se preserva el statu quo. Más bien, es un intento de crear una 'versión' nueva e incorpóreo del ser humano. 

Cuando el cuerpo no se cede, lo mejor que puede hacer la ideología es forzarnos a desdeñar nuestra mente de nuestro cuerpo. Por eso es necesario que los tentáculos de la ideología envuelvan a todos y a todo lo relacionado con todos — la ley, el idioma, la medicina, etcétera. Como dijo hace poco Jonathan Saunders, el género es un ácido universal decidido a disolver todo reconocimiento jurídico del sexo y la diferencia sexual. 

No le quepa duda, esto es una revolución. Si tiene un hijo en el colegio le recomiendo que se familiarice con la ideología que promueve este libro. La cordura de su hijo podría depender de ello, al igual que la suya.

viernes, 26 de agosto de 2022

Sexo legal: canjear la verdad del sexo por la mentira del género.

https://www.thepublicdiscourse.com/2016/10/17527/  

October 27, 2016. Legal Sex: Exchanging the Truth of Sex for the Lie of Gender. By Daniel Moody.  

Sexo legal: canjear la verdad del sexo por la mentira del género.

La ideología de género desestructura sexo en la legislación. El problema no es sólo que en este momento se pueda elegir nuestra identidad legal, sino que ahora solo podrán ser elegidas.

El 9 de mayo de este año, la Fiscal General de los Estados Unidos, Loretta Lynch, tras un atril, en Washington, DC, intervino en una rueda de prensa sobre el transgenerismo. Ella ha dicho algo con lo que estoy de acuerdo. Dijo: "Nadie puede atenerse cuando un Estado suscriba el asunto de legislar la identidad e insiste en que una persona pretenda ser algo o alguien que no es”.

Bien, cuando digo que estoy de acuerdo con Lynch, me refiero a lo siguiente: habría empleado las mismas palabras que ella. Es solo que las habría usado para decir algo muy diferente. De hecho, aparte de sus palabras, discrepo con todo lo que dijo. Este ejemplo de falla de comunicación ilustra los tiempos de rupturas en los que vivimos. Cuando uso la palabra mujer, lo hago de una manera fácilmente comprensible, expresión de algo en particular. Cuando Lynch emplea la misma palabra, lo hace para indicar, pues, algo diferente. Por desgracia, la fiscal general y yo somos dos personas divididas por un idioma común.

El espinoso camino de lo radical a lo convencional tomó unos cincuenta años para la conducta del mismo sexo. Para la “identidad de género”, el camino se puede medir en meses. El transgenerismo ha inundado nuestra sociedad con tanta rapidez que ha habido poco tiempo para comprender lo que es, y mucho menos para reaccionar ante su contenido y efectos. No ayuda que la terminología conexa cambie por siempre, con definiciones laberínticas retorciéndose fuera del alcance de la razón. Presumo que esa es la intención. Necesitamos mucho de un terreno elevado y firme en la que sostenerse y comprender. Si deseamos avanzar hacia las definiciones metamórficas y llegar al fondo de la cuestión, necesitamos saber tres cosas: ¿Qué es el sexo? ¿Qué es el género? ¿Y cómo se relacionan la uno con la otra?

Sexo como Totalidad.

 

Un aspecto del sexo es que existe como una forma de totalidad. Podemos demostrar esto observando la relación entre las partes y el todo. Un coche inicia su vida como una reunión de piezas — motor, puertas, y todo lo demás — que luego se arma para formar un coche entero.  En cambio, en una realidad natural como el cuerpo humano, la relación entre partes y todos es inversa. John, que es un hombre, empezó la vida como un todo —una célula — que genera las partes de su cuerpo. Pero, ¿a qué parte (o partes) pertenece la palabra “sexo”? ¿Qué pasa con John que lo hace hombre? No pueden ser sus genitales, puesto que puede perderlos en un accidente y seguir siendo hombre. ¿Hay otro postulante? ¿Su nariz? ¿Dedos del pie? No. Con todo, John sin duda es hombre. Así que dónde se encuentra la condición de varón de John?

Para responder, utilicemos de nuevo el ejemplo de un coche. Un motor es parte de un coche. Podemos decir que el coche tiene un motor. Pero no podemos decir que el coche tiene transporte  ¿Por que no? Porque 'transporte' es la palabra que usamos para indicar a la esencia de un coche como un todo. Como tal, tenemos que decir que un coche es un transporte. La trasporti-dad no está situado en algún lugar justamente a causa de que puede estar en cualquier lugar. Dado que la condición de varón no se ubica en ninguna parte de John, solo hay un lugar donde se puede ubicar: en todas partes.

Podemos decir que John tiene nariz, ya que su nariz es parte de su cuerpo, pero no que tenga un sexo. Solo podemos decir que John es hombre, ya que sexo es la palabra que utilizamos para indicar la esencia del cuerpo de John como un todo. Al comenzar la vida como un todo, y concibiéndose hombre, cada parte de John indisolublemente también es hombre. Esta totalidad se extiende necesariamente e incluye las ideas de Juan. Por supuesto, no podemos tomar una muestra de ADN de la mente de John, pero es verdad que la mente de John es la mente de una persona que es hombre. No importa si está pensando "Tengo calor", "Tengo frío", "Soy hombre" o "Soy mujer", los pensamientos de John son los pensamientos de un hombre.

Nuestra analogía coche/cuerpo también puede ayudarnos a comprender la naturaleza del sexo en sí mismo. Al ser una forma de transporte, un coche es ese tipo de cosa que, en principio, puede circular en el espacio (de un lugar a otro). De manera similar, al ser sexuado, John es algo así que, en principio, puede seguir adelante en el tiempo (de una generación a la siguiente). La posibilidad de hacer (actos sexuales/procreación) depende de la anterior realidad del ser (cuerpo sexuado). Y como la procreación sólo es posible a través de la diferencia sexual, cada sexo puede definirse sólo en términos del otro.

En combinación, totalidad y diferencia nos muestran que sólo hay dos maneras relacionales y fundamentales de ser humano: como hombre y como mujer. Esto hace que la diferencia sexual sea una “diferencia diferente”.  Es la primera y mayor diferencia de la humanidad. Todas nuestras otras diferencias — edad, color de piel, etc. — residen "dentro" de la diferencia sexual, ya que cada una de ellas solo puede encontrarse en cada uno de los sexos.  Hay hombres blancos jóvenes, mujeres negras tercera edad, etc., pero no hay hombre-mujer ni mujer-hombre. La edad y el color de la piel son aspectos de una persona; el sexo es el diamante del que estas otras cualidades son aspectos. Huelga decir, entonces, que nuestra identidad legal fundamental debe ser nuestro sexo legal — una aceptación legal del sexo que somos.

¿Qué es el género?

Si esto es sexo, ¿qué es género? En este punto, por un instante necesitamos apartar la mirada del cuerpo y consultar las leyes hechas por los hombres. Según el estado, nuestra identidad de género es algo que se puede cambiar ("reasignar"). Por lo demás, esto se puede hacer sin cirugía, inyecciones de hormonas o diagnóstico. A decir verdad, el criterio para la reasignación de género parece ser que no hay criterios. Si John desea convertirse en "mujer" (en la jerga de Lynch), es un mero cambio de opinión. El sexo, dice el cuerpo, es físico y dado, mientras que las identidades de género, dice el estado, son inmateriales y elegidas.

Se descubrió el pastel,  el estado el día de hoy considera que nuestra identidad legal fundamental no es el sexo sino la identidad de género — por ende el permiso legal para usar cualquier baño. El problema debería ser de inmediato perceptible. Juan no puede pensar ni elegir sin ser primero, y no puede ser sin ser hombre. Su dictamen no puede “tomar la delantera” al sexo que es, del mismo modo que el motor del coche de John no puede ser “más que” el propio coche. Nada puede ser mayor que el todo del cual es parte.

La afirmación ideológica que se hace es que la percepción ha logrado reemplazar al cuerpo en Leyes. ¿Cuáles son las consecuencias de tal afirmación? Míralo así: supongamos que tenemos un diamante. Si nos metemos en la cabeza que nuestro diamante es en realidad una esmeralda, no puede haber un solo aspecto de la "esmeralda" a la que podamos señalar y decir: "Esta es (todavía) la cara de un diamante".No podemos negar la verdad del todo mientras retenemos a la vez la verdad de alguna parte de dicho todo. Si podemos negar la verdad del sexo, ¿de qué aspecto de nuestra identidad no podemos negar la verdad? Si aceptamos el género como sexo legal, igualmente debemos aceptar los muchos retoños de la ideología: trans-edad, trans-racial, y todo eso.

Entonces, ¿qué pasa con sexo? El problema en este punto es que no podemos tener dos identidades jurídicas básicas. El sexo no puede ser retenido por ley ni como un “segundo todo” ni como parte de nuestro género — ¡ninguna parte de nuestra percepción es un cuerpo! La conclusión embarazosa es que no podemos tener una identidad de sexo y de género simultáneamente. Dicho de otro modo, la ideología nos deja sin sexo en la ley. Sí, en la actualidad se puede elegir nuestra identidad legal. Sin embargo, con más exactitud, en la actualidad solo puede ser elegida. Usando las palabras de Sartre, estamos condenados a ser libres.

 

Al sustituir por ley la verdad del sexo por la mentira del género, adoptamos una totalidad falsa y auto-elegida, y por lo tanto mentimos sobre la totalidad de nosotros mismos. Ante la ley, ya no somos alguien. Somos "alguna idea". Con nuestro organismo invisibilizado, ya no podemos saber quién es John al echarle un vistazo. En lugar de ello, debemos confiar en escucha y lectura. El estado dice que no estamos hechos de carne sino de palabras. 

Hemos saltado de "sexo significa sexo" a "género es otra palabra para sexo" a "género es diferente de sexo". Y ahora, se nos dice que debemos aceptar el último paso escandalosamente consecuente: que sexo es otra palabra para género. De cara a esta operación de canje de sexo con escrupulosidad ejecutada, nadie puede atenerse cuando un Estado suscriba el asunto de legislar la identidad e insiste en que una persona pretenda ser algo o alguien que no es.

Traslado, cogemos los bártulos sin mover una pestaña.

 Las traducciones seguirán por acá: https://sosonia.substack.com/   Por cuestión de censura, nada más.  Están eliminando entradas y ni siqui...